miércoles, 16 de septiembre de 2009

Disfuncionarios

Ir a firmar contrato en el servicio provincial de educación tiene su aquel. Eso de llegar a las nueve de la mañana con todo ya preparao y terminar a las 11:40 te deja mucho tiempo para pensar. Deducir que una cosa es ser maestro y otra muy distinta funcionario administrativo. Preso de mi aburrimiento he cronometrado a una tipa que tengo fichada cuando se iba al café. Café durante la jornada laboral, no descontada del horario. A los 37 minutos me he cansado de esperar su retorno entre el goteo incesante de tramitantes. No sé si habrá vuelto a los 40 minutos o aún sigue por ahí. En cualquier caso cabreaba verlos pasar en grupos de a cuatro mientras sólo 3 pavos daban el callo al otro lado del mostrador y más de 500 hacíamos entre 2 y 5 horas de cola.

No vayan a pensar que hablo por cotillear. Sé lo que digo. Hace años, durante treinta días, fui funcionario administrativo. Bueno, técnicamente sólo era un trabajador temporal contratado para aprobar o denegar becas de comedor escolar atendiendo a la documentación que presentaba la familia. Eso me garantizaba estatus de trabajador de la administración pública. Es decir, jornada de 8 a 3, aunque nosotros evidentemente sólo cobrábamos 7 horas prorrateadas (y muy rateadas). El descanso del almuerzo eran 40 minutos, dentro del horario, insisto. Nadie nos controlaba. Tan solo un encargado se pasaba media hora al día a marujear y a no meternos nada de prisa. Este detalle es importante: Cobrábamos por días hasta fin de solicitudes. Por eso es de suponer que nos apremiaran, ¿no? Pues no. Aquí se curraba a ritmo de funcionario y el tajo de quince días lo estiramos hasta hacer cuatro semanas y arreglar el mes. Nadie nos metió prisa. Todos, funcionarios o temporales, llegaban tarde, felices y despreocupados. De hecho, yo empezaba leyendo el 20 minutos y hasta las 8:30 no cogía un puto impreso.

Hoy he revivido todo eso desde el otro lado y he recordado que me equivoqué de funcionariado. Éste es el que paga. Te da de sí para coger depresiones por aburrimiento y coleccionar muñecas de porcelana. La docencia es sólo caprichos de la vocación.

7 comentarios:

  1. Pues sí, qué bien viven los funcionarios, yo tb lo he probado en mis propias carnes, y la verdad, que aún me planteo serlo... Un sueldo al mes y vives de lujo, a ver, a ver... lo que creo que con el tiempo me aburriría mucho..

    dirty saludos¡¡¡

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  2. De momento solo lo he vivido desde el lado del "cliente". Este modo de vivir de los funcionarios es algo sabido por todos desde que Larra publicase su famoso "Vuelva usted mañana".
    Poco ha cambiado el asunto desde entonces.

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  3. me sigue gustando mucho como escribes...
    al final me he hecho blog pero no se actualizar!
    soy la conductora más desastre jaja

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  4. ¿Qué quieres tú, compañera,
    pa' cuando vengas conmigo?
    ¿Qué es lo que puede ofrecerte un
    salteador de caminos perdidos?
    Un costurero en los hilos
    que han enredado mi vida.
    Soy el que no tiene sitio.
    Soy el pellizco pa' cuando te olvidas
    de que soy... el perro verde.

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  5. Mucha suerte, Deprisa, en el 20 minutos blogs. Que el líder se pase por aquí tan a menudo es un honor

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  6. Pues yo soy funcionaria pero maestra, y la cosa en este campo no es como en el resto de funcionariados. El sueldo es muy normal, que no se engañe la gente por ahí, los marrones que te tienes que comer demasiados, algunos días no puedo ni ir al baño por no dejar solos a los pequeños, sobre educación opinan TODOS aunque pienses gilipolleces, los padres se toman la libertad de opinar sobre nuestros horarios y nuestras vacaciones y muchos sinvergüenzas serían capaces de dejar a sus hijos a dormir en la escuela. Eso si, lo mejor, las vacaciones, que por supuesto nos quieren reducir. Hay funcionarios y funcionarios.

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  7. También yo he conocido la otra parte del mostrador. Cuando me hice objetor de conciencia (para no perder el trabajo de aestro interino por la mañana que tanto me había costado conseguir) en los dos meses de verano me mandaron de ayudante del bedel del ayuntamiento y allí tuve tiempo de conocer las interioridades del trabajo administrativo que allí "desarrollaban".Mil reapsos al Marca y Diario de Cádiz, cafelito y tertulia y cómo no, cervecita a la una del mediodía que hace "musha caló".

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