jueves, 12 de febrero de 2009

Marta, España y la envidia

Hoy en clase de bachillerato he entregado los exámenes a mis alumnos. Era un día especial. Era la primera vez que repartía un 10 redondo, así con un uno y un cero después. Sin rebajas, ni decimales, con un par de folios impolutos en lugar de estar crucificados de rojo sangre. Marta ya sabía que lo había hecho bien. Antes a solas le he ofrecido dar la clase, y me ha suplicado que no, que le daba mucho corte. Tal y como está el patio, no me extraña. Marta ha cogido su prueba y se ha alegrado mucho. Pero nadie se ha dado cuenta. Quizá su compañero Sergio, que portaba orgulloso un 8’8. La mesura y humildad de Marta ha contrastado con los alaridos guturales del que aprueba por los pelos y las quejas ininteligibles de la que suspende pero bien y cree que ha sido vapuleada por el destino (y el profesor).
He dicho en voz alta: “Es la primera vez que alguien saca un 10 en mis exámenes”. Ella no quería el brillo, la pompa ni el jabón. Y Marta lo merecía. Escucha mucho más de lo que habla, aprende y come con avidez pero respeta y calla con prudencia. Casi le da apuro preguntar las escasas dudas que le surgen. No le gusta llamar la atención, y sacar 10 para ella supone un triunfo personal y un fracaso social, casi parece que tiene que pedir perdón por ser inteligente, humilde y trabajadora. Marta no se merece esta educación de mierda que tenemos.
Los compañeros mascullan, protestan, hasta una se ha permitido el lujo desde su miserable 4’algo de relativizar el esfuerzo y capacidad de Marta diciendo “es que va a la escuela de idiomas”. Qué mala es la envidia. Ser bueno está penado. No caes bien. Da igual que seas un encanto o que aceptes los castigos colectivos cuando no has abierto la boca y te han caído colateralmente. Quizá si el estudio fuera reconocido en lugar de criticado y envidiado, Marta y España serían de otra manera. Quizá compartirían su éxito, y los otros las alabarían, felicitarían y hasta pedirían autógrafos. Pero en esta nación sólo pedimos la foto y el garabato a los niñatos que no han acabado la ESO pero que están podridos de perras porque le dan patadas a un balón, gas a la moto, pedal al coche de carreras, muecas a la cámara o gritos al micrófono. ¿Qué se puede esperar cuando siempre sale de delegado de clase el más tonto, bandarra y chulo, a menudo tripitidor?
Además España y Laura no serían prepotentes o creídas. Serían cercanas, humildes y maduras, pero extrovertidas en lugar de contenidas. Tal vez no serían tan tímidas. Quizás los perdedores les han acorralado en su mundo de responsabilidad con el látigo del fracaso, la tiña y la exaltación de la pereza crónica. Y perdedor no es el que pierde, sino el que no quiere ganar, el que no suda, el que no se parte los cuernos, el que no valora la paliza que se ha dado su compañero para que el examen no tenga nada corregido en rojo sangre. El que pierde porque no ha llegado, sin duda llegará otro día; lo que importa es caminar. A propósito, España no es un país en este artículo; es alguien que hoy ha sacado 9’2. Tampoco ha hecho el paseillo o agradecido al cielo la justicia divina con aspavientos imposibles.

4 comentarios:

  1. Cuánta razón tienes en eso de que no se valora al estudioso. Se le llama empollón y se le margina. Qué país de envidia.

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  2. Es triste pero muy cierto.Siempre grita quien tiene que callar y siempre calla quien tiene algo interesante que contar.

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  3. más allá de las notas también están los que apabullan por el simple hecho de que alguien haya expuesto una opinión divergente a la suya, soy estudiante de 2º de bachillerato, no saco dieces pero saco notables y en mi clase sólo pueden saber mis notas el de mi lado y el de atrás ya que de los comentarios que hacen del que saca 2 ó 3 puntos más es preferible callarse. Además el hecho de que algunos profesores digan las notas en voz alta siempre lleva a la discusion, los que suspenden consiguen que toda la clase se entere del descontento que sienten y de la gran injusticia que se ha cometido, si alguien se ``pasa´´ y saca un sobresaliente ya puede esconderse debajo de la mesa...
    y hablando de estudios... ¿qué tal un articulo sobre la poca información del plan bolonia y el foyon que se está montando?

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  4. Ok, queridísima cuñada, prometo opinar sobre Bolonia tan pronto como pueda hacerlo sin meter demasiado la pata...

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