domingo, 12 de julio de 2015

La censura no existe y banearé al que diga lo contrario (1/3)

A finales de curso asumí el orgulloso reto de escribir algo para la revista del instituto. Pero no quería regalar una crónica tostón de una actividad escolar, ni criticar el organigrama con tanto erudito cerca. Necesitaba un relato de ficción con un fondo cáustico que me sirviera para rebelarme tímidamente frente al sistema y de paso vengarme mínimamente de los taladros de mis alumnos. Taladros con un gran corazón, eso sí.

La responsabilidad era grande. No suelo escribir para grandes audiencias. Y sigo sin hacerlo, porque a los pocos días de presentar mi proyecto se me informó de que no era adecuado para el formato elegido.
Liberado ya de obligaciones personales y de responsabilidad civil, penal y académica, me dispongo a sacar a la luz mi indecoroso e inapropiado canto a la violencia gratuita, que según me insinuaron podía incitar a que más alumnos desequilibrados se presentaran en clase con la ballesta cargada. ¿Y ustedes qué opinan? ¿Soy un horrible promotor de la sangre y el macabrismo?


Asesinato en el aula 20

NOTA: Todos los personajes y situaciones de este relato son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Ana Laguadaña acometió las escaleras del piso superior más deprisa que de costumbre. No es que le entusiasmara irrumpir en su clase de 2º D, pero los chillidos horrorizados de Violeta e Irene no presagiaban nada bueno. ¿Qué sería esa vez: lluvia de borradores, sillas colgadas del falso techo, puertas arrancadas de cuajo, guerras de desodorante Axe contra mecheros, partidillos entre las patas de las mesas, obras de arte laico en el encerado, rayujos de permanente en la pizarra digital, coca cola en el ordenador?
La respuesta fue a un tiempo descorazonadora y aliviante: el equipamiento resistía los avances de los alumnos; la puerta tenía pomo y el proyector bombilla; Bubacarr no colgaba del fluorescente y Alberto seguía teniendo brazos. Solo un pequeño detalle robaba la atención de propios y extraños. Al fondo de la clase, crucificado sobre un curioso e improvisado tótem de sillas cojas y mesas demacradas, Orlando Florida callaba por última vez.

–¿Qué ha pasado? –preguntó Ana mientras calculaba a cuántos partes equivalía el asesinato de Orlando.
–Estaba así, yo no he sido –dijo Jose Miguel Tarradellas.
–¡Cállate! –le dijo Estevi Soldado.

Los tutorandos se enzarzaron en una de sus típicas discusiones domésticas. Ana Laguadaña no tardó en desconectar. La clase se llenó de foráneos: adolescentes morbosos y profesores afanados en disimular su felicidad. Un forense de la policía apareció de la nada y determinó la causa de la muerte: Orlando había sido obligado a hablar en inglés. Los alumnos, incluso los más indolentes, mostraron su repulsa ante la inmensa crueldad del desenlace. Matar a Florida podía ser algo comprensible,  incluso terapéutico, pero no hacía falta ensañarse hasta ese extremo.

El resto del día un halo de pesar inundó el IES Aguas Bravas. Al fin y al cabo, había un asesino libre por el centro, y dada la naturaleza morbosa y académica del homicidio, posiblemente fuera un profesor de idioma. Las cámaras tampoco pudieron chivarse de nada, pues habían sido convenientemente tapadas con chaquetas despreciadas en las perchas más inhóspitas.
Pero la mañana despejó algunas dudas y trajo otras. Cuando Lucía Cabello subió al aula de informática para chatear con Esmeralda, la escena le borró las simpatías por las nuevas tecnologías para los próximos ciento cincuenta años. Había cuatro sillas con reposabrazos, todas ocupadas con cadáveres frescos y familiares como merluza del día. Fernando Gamo, Iván Mataró, Daniel Rodrigo y Adrián Mejillón estaban atados al respaldo con tortuosas correas de cuero. La mano derecha de cada fiambre se hallaba a escasos milímetros del ratón mientras la pantalla destilaba trepidantes escenas de Call of Duty 13, y los personajes de los cuatro asesinados eran simbólicamente cosidos a balazos por otros participantes allende la web.
Los rumores se dispararon más que las balas virtuales y corrió el bulo de que Fernando, Iván, Daniel y Adrián habían perecido a causa de una suerte de vudú telemático. Sin embargo, voces autorizadas pronto desecharon semejante majadería. La autopsia del forense fue clara: las víctimas habían fallecido de infarto natural, motivado seguramente por la insoportable tensión traumática de no poder engancharse a la partida. Los sospechosos cambiaban así de departamento.
Pero el día no acabó allí. A veces, cuando las cosas parece que no pueden empeorar, aparece José Miguel Tarradellas y lo estropea todo muriéndose sin pedir permiso. El zagal yacía sedente en una silla de mala muerte; el rostro, desencajado; la boca, amordazada; las gafas, a medio resbalar por la nariz; la expresión, una agonía indescriptible.

–¿De qué ha sido? –exclamó Ana con más curiosidad que pena.
–La mordaza –aclaró el forense, un tanto molesto porque aún no se había tomado el bocadillo.
–Ah, vale, ha muerto asfixiado.
–No, si respirar podía –explicó el médico–. Ha fallecido por no poder hablar. El pañuelo le impedía articular palabra.
–Claro, y el pobre Josemi no ha podido aguantar sin decir algo durante…
–Yo diría, por las marcas, que minuto y medio, tal vez menos. Pobre chico, que silencio va a quedar ahora en clase.
–Bah, no se preocupe –le alivió Ana–. Lo superaremos. Tengo repuestos en primero de ESO.

El timbre liberó a todos de sus tribulaciones y la siesta transformó cualquier atisbo de sueño en horrible pesadilla. La tarde vino tranquila y la noche salió por ahí hasta el amanecer. Juerguista que es una.

10 comentarios:

  1. ¡Pues no entiendo nada!, ¿eso te dijeron?, tal vez no leyeron bien tu relato...¿Violencia?....Yo he visto en tu relato una crítica en toda regla al sistema educativo, al caos de la ley Wert, a la impotencia y a la falta de motivación de los alumnos por tanta basura académica, porque no se les deja pensar por sí mismos ni tampoco opinar, porque con el sistema vigente sólo se les quiere adiestrar y así conseguir que lleguen a la adulted con sus egos divididos para convertirse en infelices y autómatas....¿Violencia?...¡Sí, obvio que todo esto es una forma de violencia pero es contra los alumnos y contra el pueblo en general!...

    Se te echaba de menos por estos lares, me alegra mucho volver a leerte... ;)

    Un abrazo Drywater!

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  2. Será porque yo hice BUP y COU, pero a mí me han faltado un par de cadáveres,¡Un saludo!

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  3. Bueno, Alcorze, la clase tiene 18 alumnos y aún me quedan dos partes...

    Sí, Sofya, yo también me he echado de menos pero he estado inmerso en las oposiciones más intensas que recuerdo. Para escribir 4 entradas en cuatro meses...

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    1. Jajajajajaja...

      La ocasión lo merecía, desde luego...

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    2. Jajajajajaja...

      La ocasión lo merecía, desde luego...

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  4. Pues las espero con ganas que siempre es un placer leer todo lo que se esconde entre tus líneas. ¡Un saludo!

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  5. Madre mía! cualquiera diría que das clases en la penitenciaria del estado!!...aparecen cadáveres por las esquinas...jajaja....Es broma Dry!!
    Oye, que has hecho pero que muy bien escribiendo la realidad, lo que ocurre día a día en el centro y no lo que a ellos les hubiera gustado que escribieras. Así hay que ser Dry. ¿Para que escribir sino, si tu sabes que no es cierto lo que pones? O sea que de nuevo mi enhorabuena.
    Y otra cosa. Que me alegro muchísimo volver a leerte ¿Sabes que se te echaba en falta? pues si y mucho Dry. Aquí falla alguien y enseguida lo notas.

    Pues nada Dry, que me alegro un montón de que este de nuevo aqui. Un abrazo!

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  6. Oye Dry, y otra cosa. Ayer a ultima hora te mande una nota parecida a la que te acabo de escribir pero no esta colgada. Posiblemente se haya quedado en el camino o quizás la recibas ahora o mas tarde. Si te llega y como ponía algo parecido, pues nada, la tiras por ahí.

    De nuevo un abrazo!

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  7. Madre mía! cualquiera diría que das clases en la penitenciaria del estado!!...aparecen cadáveres por las esquinas...jajaja....Es broma Dry!!
    Oye, que has hecho pero que muy bien escribiendo la realidad, lo que ocurre día a día en el centro y no lo que a ellos les hubiera gustado que escribieras. Así hay que ser Dry. ¿Para que escribir sino, si tu sabes que no es cierto lo que pones? O sea que de nuevo mi enhorabuena.
    Y otra cosa. Que me alegro muchísimo volver a leerte ¿Sabes que se te echaba en falta? pues si y mucho Dry. Aquí falla alguien y enseguida lo notas.

    Pues nada Dry, que me alegro un montón de que este de nuevo aqui. Un abrazo!

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  8. Si la causa de la muerte fue la de hablar en inglés, el relato más que ser una apología de la sangre y del macabrismo, es una promoción del cachondeo y del doble sentido metafórico. Es lo que tiene haber concluido un curso con algunas asignaturas pendientes. ¿Verdad, colega?

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