jueves, 21 de febrero de 2013

Sólo para iluminados

¿Crees en lo que no ves? ¿Se puede lidiar la vida apelando a un componente mágico? ¿Existen los filtros de amor, funcionan los ritos renacedores, aciertan las cartas del tarot? La respuesta es clara. Por supuesto que no. Dios no lo permitiría.
La existencia está trufada de sinsabores, amarguras y sufrimientos diversos. Cómo los afrontamos ya es otro jardín. Uno se puede consolar creyendo en otra vida más plácida y tragar con gusto en ésta, adoptar una postura nihilista, reventar las convenciones o confiar en otras fuerzas para salir del bache. De las cenizas de los preceptos convencionales y de su relativo fracaso en la misión imposible de conducirnos a la plenitud han surgido creencias alternativas, prácticas inusuales, conceptos espirituales, remedios venidos del más allá.
La oferta es bastante más extensa que la propia demanda. Ante un problema de actitud, enfermedad o “energía negativa” se han disparado las posibilidades. Si quieres adivinar el futuro puedes acudir al tarot, a los adivinos, ouijas, lectores de posos de café, filólogos en adivinación de palmas de mano, huesos de santo y runas célticas, videntes de bolas vidriosas e intérpretes de calabacines. Si estás gafado se impone una redundante imposición de manos, magia negra, chacras, limpieza de aura y empaste de energías colindantes. Eneagramas, horóscopos, renacimientos, numerología y constelaciones también hacen lo suyo. Si el rollo es físico y lo demás no tira siempre puedes acudir a la reflexoterapia, los ungüentos chinos, el agua bendita o las malditas agujas acupunturescas.
A esta colección de actos de fe sólo nos queda añadirle presencias de ultratumba tipo Ann Germain, fantasmas, viajes astrales, ovnis marcianos, leyendas urbanas, subcriaturas del averno, milagros varios, regresiones espirituales, reencarnaciones y cajeras que sonríen.
A mí, la verdad, todo esto me dice poco. En general no creo en nada, ni siquiera en la suerte o la justicia divina, pero respeto a todo quisque. El que quiera tener fe montañesca que la tenga, y si le funciona pues de puta madre. Lo mismo da que se arregle por las fuerzas insondables que por su propio placebo. Si al final lo que importa es creer en algo y que nos lleve a la verdad, aunque el camino sea mentira. Además, también tendrán que vivir palmamanos, masajistólogos, separaposos y evidenciólogos. La llave de la felicidad seguirá siendo la inescapable cualidad del ser humano de aceptar sus circunstancias y ser feliz pese a ellas.

7 comentarios:

  1. La felicidad es algo muy difícil, y las llaves deben estar en el fondo del mar. Pero oye, mientras intentamos encontrarla lo pasamos bien.
    Por cierto, me gusta este fondo.

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  2. La felicidad....qué simple y complicado a la vez...

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  3. Yo creo que la felicidad está dentro de nosotros, por eso no la encontramos, es más fácil escuchar el ruido externo...

    Un abrazo Drywater

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  4. ¿Se puede llegar a la verdad aunque el camino sea mentira? Mucha casualidad lo veo yo... A la felicidad sí, o al menos a la ilusión de esta, que hoy en día, parece que significa prácticamente lo mismo.

    Un abrazo!

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  5. Cada cual es feliz a su manera y busca los caminos que más le guste... A mi personalmente mientras no me incordien como si bailan claqué sobre la mesa para purificarse.

    Abrazos

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  6. Igual la humanidad consigue ser feliz algún día a pesar de estos personajes... Pero mientras se nos prive de cultura y de mentes abiertas, la superchería tiene un campo abonado en nosotros. ¿Acaso renunciamos a nuestros amuletos, sortilegios, rezos... ante una situación peligrosa? Yo no saco de mi bolsillo mi pata de conejo, no vaya a ser que...
    Abrazos, algún dia veremos el hobbit I y II a la vez.

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