viernes, 19 de octubre de 2012

Cómo meterse en un buen fregado (2/2)

Largo, mientras tanto, había estado investigando los accidentes y desgracias acaecidas en el barrio. Una maruja atravesada por una fregona en plan Vlad el empalador, un parado rociado con lejía, dos fracturas de cráneo por macetazos –una mortal–,  un doberman con un improvisado escurridor como bozal atado con esparadrapo de tela, una rata colgada de los bigotes y en continuo escorzo de liberación imposible, seis niños rociados con matacucarachas y una anciana atropellada reiteradas veces hasta la defunción por su misma silla de ruedas. Sin duda la obra de un sádico. De no ser porque ¿Qué coño miras? venía con él, Largo hubiera jurado que se trataba de su mismo compañero.
Día sin Pan consiguió hablar con los supervivientes –menos con la rata– y no pudo encontrar vinculación alguna. Hasta que llegó ¿Qué coño miras? El desagradable chulapo trató a todos con un desprecio execrable, pero reiteró que unos y otros apestaban a Corrompido, un fregasuelos barato. ¿Qué coño miras? lo usaba con frecuencia para fabricar cócteles molotov en su época chunga. Ahí encontró Largo la coincidencia. Todos habían pisado por donde Corrompido aromatizaba el suelo. Trajeron a Battiato, el perro policía de mejor olfato de toda Italia, recién importado, y encontraron el rastro que buscaban.
Llegaron a una casa medio derruida. De hecho, la mitad del edificio estaba demolido y había que subir la escalera pegado a la pared, so pena de caer al vacío. Subieron piso tras piso sin hallar indicio alguno, pero en el quinto se encontraron con que el pasillo estaba mojado, recién fregado. El olor a Corrompido no dejaba dudas. Era la pista buena. De la puerta del fondo apareció una Maruja loca con los pelos fantasmagóricos, el demonio en los ojos y la furia en el alma. Se abalanzó sobre ellos con un cuchillo jamonero tan raído como sucio. Battiato salió corriendo acojonado. Largo se dispuso a neutralizar su ataque con la defensa Puyol pero la acometida de la maruja asesina nunca llegó. Medio metro antes de colisionar con Pan, un cuchillo nada reglamentario más gordo que el de Rambo se había clavado en la enajenación de la maruja desequilibrada. La locura pareció marchársele con la vida, y asesina y perturbada murieron a la vez.
¿Qué coño miras? sacó su cuchillo con desprecio, miró el manchurrón de sangre en su hoja con aprensión, limpió el filo con la falda de la fallecida y lo recogió con breve satisfacción. Legítima defensa. Caso cerrado.
Día sin Pan completó el informe en pocas horas. La loca del piso derruido vivía para su vivienda. Cuando la casa se cayó de vieja, la Maruja enloqueció. Siguió malviviendo y limpiando allí como si le fuera la vida en ello. De hecho, todo aquel que por curiosidad, intimidad o vicio subía a lo que consideraba un refugio abandonado, y pisaba el suelo recién fregado –lo limpiaba seis veces al día–, era fichado por la perturbada y más pronto o más tarde recibía su castigo, dependiendo del número de huellas y tamaño de la suela. Nunca se dejaba ver, y el ataque a traición le aseguraba el anonimato.
El asunto se había cerrado de manera relativamente exitosa, pero Sota de Espadas lo odiaba a muerte, Ojos Almendrados de Elfo seguía en coma, Excel campaba a sus anchas y ¿Qué coño miras? era un animal desatado. Aquello no podía acabar bien. En medio de la tragedia personal, lo único en que pudo pensar Largo era en el nombre del fregasuelos. Debería ser Corrupto, no Corrompido.

2 comentarios:

  1. La madre de Dios! ya el comienzo te impacta. Ese barrio es terrible, totalmente dantesco todo lo que relatas. El cuchillo jamonero es la releche..jaja. Yo veo muy confuso al pobre Largo. Tiene ante si unos problemas muy gordos.

    Genial como siempre Dry, esos personajes son de tralla.

    Abrazos!

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  2. Muy buena historia...¿da para un largo el Largo? je,je...Saludos.

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