Los seres dotados muestran
siempre un pecado imperdonable: menosprecian su capacidad con una indolencia
vergonzante. Esa falta de rasmia consigue, muchas veces, reducir su potencial
hasta la vulgaridad del mediocre.
Cuando escribo estas líneas, recordando el estrepitoso ridículo de la
selección española de baloncesto en los cuartos de final contra Francia, una
inefable sensación de deja vu me
embriaga sin remisión. Ya he pasado por aquí. Fue en junio y con el pie. La Roja le enseñó el camino a la
ÑBA.
Y no es fácil. Tienes los mejores
ingredientes y se te quema la tortilla por no saber batir los huevos, por
elegir la sartén de teflón gastado, por darle la vuelta a destiempo o porque la
patata estaba dura.
No hay nada peor que poseer el mejor coche y llegar a
mitad. Demuestra una incompetencia aberrante. Es mejor llevar la tartana y
hacer penúltimo.
No hay nada peor que poseer el mejor coche y llegar a
mitad. Demuestra una incompetencia aberrante. Es mejor llevar la tartana y
hacer penúltimo.
España basket perdió el partido
por dos motivos básicos: la falta de actitud y el entrenador. La primera fue un
mal endémico durante todo el choque. Cuando uno no se quiere mojar, cuando
espera ganar desde la grada, sin mucho compromiso, sin equiparar el esfuerzo
del rival, pues a veces no basta. Contra Senegal fue suficiente. Contra los bleus no. A la misma intensidad, el
único equipo capaz de vencer a esta plantilla era Estados Unidos. Querer es
poder, pero no viceversa. La motivación de Francia fue brutal. La nuestra,
perezosa a más no poder.
Y si un equipo no está cumpliendo
a nivel motivacional, la culpa última siempre es del capitán del barco. Orenga
no ha sabido encontrar respuesta actitudinal en el momento clave. Las jugadas
eran poco elaboradas, no había movimiento ni circulación de balón y todo
abocaba a tiros imposibles, en escorzo, como si se realizasen en el límite de
la posesión. Los lanzamientos forzados solo salieron bien en la muñeca de Pau.
El resto, fracasaron estrepitosamente. A veces ni siquiera tocaban el hierro.
El seleccionador no supo arreglar la incómoda situación. No acertó con los
cambios ni tuvo valor de tomar decisiones arriesgadas, como sacar a cancha a un
Felipe Reyes que pudiera compensar el pundonor galo con su misma moneda. En
definitiva, no hubo plan B. Y no hablamos de un entrenador pipiolo de regional.
Se supone que esta gente son profesionales y tienen recursos sobre la bocina
para, al menos, dar guerra en condiciones. Nada hay más triste que perder el
partido mucho antes del final. España lo perdió de inicio.
Y como estamos en el país que
estamos, aquí no dimite ni dios. ¿Para qué, pudiendo cobrar y chupar de la
burra? ¿Si mi presidente me avala, a qué fin, por mucho que toda España pida mi
cabeza? Que por cierto, qué bien le ha venido a Pujol este batacazo deportivo.
Aquí siempre necesitamos un chivo expiatorio, y como
filtramos con la nitidez
de un murciélago invidente, lo trascendental y lo trivial lo metemos en el
mismo saco. Lo dicho, Orenga puede seguir yéndose a echar unas cañas con Del
Bosque a celebrar que están en la única empresa de España donde les ratifican
por hacer no mal, sino pésimo su trabajo. Con lo honesto que sería admitir la
equivocación y dejar paso a otro más cualificado, alguien como usted o como yo,
que ya les aseguro que peor no lo íbamos a hacer. Yo lo mismo pongo a Serge
Ibaka de lateral izquierdo.
filtramos con la nitidez
de un murciélago invidente, lo trascendental y lo trivial lo metemos en el
mismo saco. Lo dicho, Orenga puede seguir yéndose a echar unas cañas con Del
Bosque a celebrar que están en la única empresa de España donde les ratifican
por hacer no mal, sino pésimo su trabajo. Con lo honesto que sería admitir la
equivocación y dejar paso a otro más cualificado, alguien como usted o como yo,
que ya les aseguro que peor no lo íbamos a hacer. Yo lo mismo pongo a Serge
Ibaka de lateral izquierdo.