Mostrando entradas con la etiqueta Patricio agente de la $GA€. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Patricio agente de la $GA€. Mostrar todas las entradas

sábado, 20 de septiembre de 2014

Nunca metas un wookie en un motel de mala muerte

El arte no puede ser copiado; al menos gratis.

Patricio Márquez se levantó somnoliento una mañana más. La noche había sido muy, muy larga. Se había acostado con los comentarios del director, del productor y de la hermana del ingeniero de post-producción del documental “Linces ciegos y gatos de maullidos retráctiles”.  Para hacer más sangre, y queriendo aprovechar la coyuntura de que se hallaba en las afueras de Murter, una población de Croacia, había visualizado todos los extras en croata.
Entonces oyó un sonido muy característico. No. No podía ser. ¡Pero sí, era! Se levantó raudo de la cama, se tuneó en la ducha y se vistió de esmoquin impecable, el mismo que llevó a la tintorería hacía tres semanas, cuando llegó al Motel Oates dispuesto a abandonar su trabajo de agente de la $GA€ para siempre, con el único objetivo en mente de recuperar el ánimo y enfundarse un traje de explorador para perderse en la selva africana.
Pero ese aullido inhumano le reclamaba. Estaba a medio camino entre los lobos caperucitos y los burros de tres jinetes. El sonido era grave, sostenido, perteneciente sin duda a alguna suerte de oso europeo mutado por el impacto de Chernóbil o algo similar.
Salió por fin de su habitación. Era la número uno de un edificio rectangular, alargado, de una sola planta y doce puertas.
Acudió a la oficina, pegada pared con pared con su cuarto, y habló con la encargada, que disecaba un buitre atigrado.

            –¿Qué ha sido eso, señora Oates? –preguntó el inspector con un croata muy académico.
            –Buenos días por la mañana, señor Márquez. ¿A qué ruidos se refiere?
            –Ahá, la pillé. ¿Cómo sabía usted que me refería a un ruido?
            –¡Nnnaaaargh! –sonó un aullido en la distancia.
            –¡Eso, eso! –ratificó el agente de la $GA€.

Patricio salió como alma que lleva el diablo y oteó el horizonte. En la distancia se erigía una casa en la colina, y una inquietante escalinata de madera crujiente llevaba hasta su sombría silueta.

            –¡Nnnaaaargh!
–Viene de allí –concluyó Márquez.
            –No, no suba, no suba. ¡Esa es mi casa!

Pero el intrépido inspector de la propiedad intelectual hizo caso omiso. Ganó las escaleras de tres en tres y accedió a la lóbrega mansión mientras la señora Oates se perdía en la lejanía, recuperando el aliento apoyada en un bastón tras subir cuatro peldaños.
Patricio Márquez tuvo tiempo de registrar todas las dependencias y, guiado por nuevos aullidos perrunos, bajó las escaleras del sótano. Allí se encontró con un wookie peludo y gigantesco como si Pau Gasol se hubiera disfrazado de Teenwolf. El bicho estaba de espaldas pero volvió a gruñir.
El agente giró entonces la silla en la que reposaba y la mascota dejó ver su rostro de calavera disecada mientras un magnetofón de cuando reinó Carolo volvía a reproducir el aullido de un wookie.
Entonces apareció la señora Oates disfrazada con unas pieles de Chewbacca y agarró a Patricio con el brazo mientras intentaba clavarle el pico de un pelícano disecado en la yugular. Pero el agente volteó a su rival por encima de sus hombros y la señora aterrizó encima de la silla del cadáver taxidermizado.

            –¡Nnnaaaargh! –sonó de nuevo el cassette.
            –Queda usted sancionada administrativamente.
           –No puede, no puede. Usted no tiene autoridad para arrestarme. No puede probar nada. Ni siquiera sabe cómo envenené al wookie.
            –Señora Oates, ¿qué me está contando? La estoy multando por plagiar a Chewbacca de Star Wars. Su gruñido cobra derechos de autor y usted no los ha abonado. Y además, su nombre, la taxidermia, la reforma de su casa hasta parecerse a una mansión muy famosa de Hollywood, la manera en que ha intentado asesinarme… ¡Usted ha copiado Psicosis de Alfred Hitchcock!
            –¡Nnnaaaargh! –aulló la señora Oates.
            –Déjese ya de hacerse pasar por el wookie. Sé de sobras que es usted. No me engaña.
            –¡Nnnaaaargh!

Patricio dio el caso por perdido. La señora Oates estaba dominada por la parte de su mascota y no atendía a razones. Bajó las escaleras con la satisfacción del deber cumplido. Abrió la oficina y redactó una multa administrativa valorada en 789 euros por dos delitos de plagio. Luego echó el ojo al cuervo albino y a la grulla a una pata. Eran ejemplares disecados muy valiosos. Con ellos compensaba el montante económico. 
Mientras salía por la puerta observó a una rubia platino muy nerviosa llamando al timbre. Llevaba un fajo de euros en un periódico y miraba con recelo a todas partes, como si estuviera paranoica; como si la estuvieran siguiendo. Cuando la señora Oates bajó a recibirla, el agente ya se había largado con los bichos alados y una gran sonrisa en el alma. Esa noche celebraría su éxito visionando Mariquitas heterosexuales y Murciélagos tuertos.

domingo, 28 de julio de 2013

Carnavales de Saldo

El arte no puede ser copiado; al menos gratis.

Patricio Márquez llevaba meses escondido en un cuchitril sin ventanas, tumbado en el sofá y sobreviviendo a base de jumpers y chetos sabor kétchup mientras alimentaba sus sueños con documentales de “Jirafas Enanas”, “Ballenas hidrófobas” y Rinocerontes Unicorniales”. Había perdido la forma hasta el punto de que su otrora reluciente barriga se perdía en un mar de grasa circunferencial y asimétrica. La barba de seis días escondía tanta desgana como abandono, y el pelo grasiento y desaliñado denunciaba huelga de ducha desde hacía incontables semanas. Dejarse llevar siempre era una ruta sin retorno hacia la destrucción corporal y espiritual.
De repente La 2 le obsequió con un fabuloso reportaje sobre “Funerales de las sardinas” y al intrépido agente de la $GA€ se le encendió la bombilla de 90 vatios. ¿Y si volvía a la carga de incógnito? Pronto llegarían los carnavales y podría recaudar disfrazado de otra persona.
Patricio cogió el coche y se dirigió a la cuna de todos los carnavales europeos: Venecia. Se puso su traje de noble veneciano con una fabulosa máscara narigona, pagó una cuantiosa multa a sí mismo por la infracción y se lanzó a la caza de infractores.
Los dos primeros días fueron muy fructíferos. Patricio penalizó a 89 personas, nobles y turistas, en los derredores de San Marcos. Poco imaginaba que su mundo se iba a resquebrajar al tercer amanecer.  Aquella fatídica jornada llegó a puerto un trasatlántico de Fanta lleno de ninis y chonis. Las máscaran venecianas se diluyeron en un mar de vulgares, toscos y barateros disfraces de saldo: el Capitán América, el tesorero Bárcenas, Bob Esponja, Shakira y Piqué, Mazinger Z, Melendi, Amador Mohedano, Chicote, Berlusconi, Mickey Mouse… absolutamente vomitivo.

–Neil Tennant y Chris Lowe? –inquirió Patricio Márquez a un par de locazas con monos rojos y cucuruchos puntiagudos.
–No –dijeron ellos extrañados–. Somos Rocco Ambrosini y Nicoletto Farini, sicilianos.
–Bien, Ambrosio Roca y Vaporetto Panini, acaban de cometer un delito contra la propiedad intelectual. Han plagiado a los Pet Shop Boys, los reyes del gay pop. Deberán pagar una multa que la $GA€ transferirá posteriormente a la agencia tributaria italiana.

Pero mientras redactaba la multa vio aparecer a un gordo imitando a Rajoy, once pavos vestidos como si fueran el Real Madrid, uno de Jorge Javier Vázquez…  El incorruptible agente empezó a parar a todo quisque, pero no daba abasto. Vino otro vestido de Sheldon Cooper, de Naranjito, hasta del mismísimo Patricio Márquez –que, por cierto, fue detenido inmediatamente por los carabinieri–, e incluso de la familia Flores.
Un zumbido terrible se apoderó de la cabeza del agente de la $GA€. Mirase donde mirase, sólo veía plagios y más plagios. Se quitó la máscara para poder respirar, jadeando pesadamente mientras su estómago se hinchaba y deshinchaba hasta extremos incompatibles con las leyes físicas. Se arrancó la seda veneciana chillando enloquecido, y salió corriendo sin rumbo intentando escapar de tanta locura copyrightística. La momia y Spiderman lo miraron extrañados. Cobi y Curro dejaron de brindar y se fijaron en el loco.
Patricio Márquez ganó una góndola a motor y salió zumbando de la magia veneciana. Tal vez tuviera un encanto especial, pero aquel día era todo de cartón-piedra. Unos miles de nudos más allá las voces y las pesadillas se hicieron más y más sordas. Enfrentarse a la corrupción desatada del mundo puede ser enloquecedor para alguien tan purista. Llegó a Croacia y se encerró en un motel de mala muerte donde intentó curarse las heridas a base de “Cigarras trabajadoras” y “Osos alopécicos”. Menos mal que se había traído el DVD portátil.

martes, 10 de julio de 2012

La fuga, Pereza, Marea y Despistaos

El arte no puede ser copiado; al menos gratis.

Aquella tarde la biblioteca triplicaba sus usuarios. A la habitual comparecencia de Patricio Márquez devorando las enciclopedias de “Peces del Sáhara” y “Cebras codificadas” se unían Princesa Disney y Pincho Moruno. Los dos reclusos intercambiaban información ante el inusual silencio del ex-agente de la $GA€.

–La fuga será hoy –dijo Princesa.
–¿Hoy? ¡Qué pereza! –replicó Pincho–. ¿No puede ser mañana?
–No. Ha de ser hoy. El cuadrante dice que el cambio de turnos nos favorece, porque echan partido de la Eurocopa y no mirarán los monitores.
–Tanto fútbol marea.
–Sí, pero gracias a eso los guardias estarán despistaos.
–¿Cómo lo hacemos? ¿Usamos el túnel tras el póster de Rita Hayworth?
–¡Qué dices! ¿Con Márquez aquí? No pienso. Nos acusaría de plagio a “Cadena Perpetua”.
–Matamos a un par de presos y nos cambiamos por sus cadáveres para que nos saquen en el coche forense.
–Ni hablar, Pincho Moruno. Eso ya salió en “El conde de Montecristo”. La $GA€ nos fundiría otra vez.
–¿Tirolina por encina del muro?
– “Tango y Cash”.
–¿Huida en moto?
– “La gran escapada”.
–¿Vuelo en globo?
– “Superman II”.
–Me rindo, Princesa Disney.
–Yo no.

Princesa Disney y Pincho Moruno alcanzan el patio sin dificultad. Sobre el grueso muro de 3 metros de grosor vierten dos ácidos inofensivos por separado pero altamente corrosivos mezclados. Pincho orina certero sobre las piedras y Princesa echa Coca-cola en el mismo punto. El muro se derrite como si fuera de hielo. En pocos segundos corretean como galgos o podencos por los prados alcalá-mekenses.
No consiguen recordar cuántas horas llevan escapando, pero deciden parar. Han llegado a un polígono industrial y están a salvo. De repente, unos zapatos negros impecables acaban unas piernas infinitas entre las cuales se recorta su sorpresa y asombro. Los han encontrado. Ante ellos, Patricio Márquez, inmaculadamente trajeado, saca la libreta de multas que lleva siempre en el bolsillo de la chaqueta.

–Habéis cometido un delito contra la propiedad intelectual, Princesa Moruno.
–No me jodas, Márquez. Nos hemos fugado de manera original.
–Cierto, buitre –añade Pincho–. No hemos cometido plagio alguno en la fuga.
–Ahí está el problema. Durante vuestra conversación, ésa que deliberadamente habéis trazado en mi presencia, habéis empleado los términos “la fuga, pereza, marea y despistaos”. Debéis saber que son los nombres de cuatro grupos punteros de rock urbano. Y todos están registrados. No podéis usarlos en vuestras fug… evasiones. Son 180 euros.
–No me fastidies, Márquez.
–Cada uno, Princesa Disney.
–Oye, Márquez –inquiere Pincho derrotado.
–Dime, Pincho Disney.
–¿Cómo cojones lo has hecho para fugarte tras nosotros, cambiarte el uniforme prisión por el smoking y encontrarnos?

Patricio Márquez no respondió. Se limitó a recaudar los pecunios de la $GA€ y a marcharse con el sol recortado sobre su sombrero elegante aunque pasado de moda. Por su cabeza solo chapoteaban los “Sapos de cuento” y las “Ranas con pelo” que se iba a meter entre córnea y cristalino esa noche. La primera en casa en meses. Aunque tal vez se buscase un cuchitril. Ahora era un fuera de la ley. Hasta que pudiera probar su inocencia, sería mejor defender a la $GA€ desde el otro lado. El arte no podía ser copiado; al menos gratis.

domingo, 27 de mayo de 2012

Cúpula artística

El arte no puede ser copiado; al menos gratis.

La existencia de Patricio Márquez ya no tenía sentido. Durante meses había consumido documentales piratas del top manta de National Geographic. Sus valores y preceptos copyrightísticos eran historia. Ahora, ni siquiera los especiales de “Tiburones con caries” o “Buitres avariciosos” conseguían despertar en él ligeros síntomas de querer continuar viviendo. Dos de los reclusos más poderosos e influyentes, “el Puros” y “Princesa Disney”, habían conseguido incluso meter de extranjis en su celda dos ornitorrincos en época de apareamiento. No quedó muy impresionado con la cópula. Patricio estaba perdido para la causa.
Entonces apareció él. Llevaba la corbata de los dólares y el traje italiano recién planchado. Cogió el telefonillo de la sala de visitas y comenzó su inesperada arenga, no sin antes colocar sobre la encimera el cofre del tesoro de Jacques Cousteau. 23 DVDs con documentales, escenas suprimidas, comentarios del director y un “como se hizo” sobre la serie de “Mundo submarino”. A Patricio se le hacían los ojos algas.

-Buenos días, señor Márquez. Soy Teddy Bear, el presidente entrante de la $GA€.
-Buenos días, señor Bearn . ¿Qué desea?
-¿Que qué deseo? ¡Pues qué va a ser! Al mejor agente de cobro de la $ociedad General de Autores €spañoles! A usted, amigo mío. Le ofrezco la libertad.
-Espere, señor Teddy Kruger. ¿Y usted que saca con esto?
-¿Yo? Nada. Que se haga justicia, que siga con su trabajo de siempre. Seguirá percibiendo su nómina de 715 euros netos. Pagaremos su fianza y nos encargaremos de que su expediente quede limpio, señor Márquez.
-Señor Freddy Mercury, no puedo aceptar su propuesta.
-¿Por qué no, memo? Me imaginaba algo así.
-Usted ha cometido un delito contra la propiedad intelectual. Ha plagiado una…
-¡Váaseustedalamierda! ¡Se quedará para siempre en este estercolero! ¡Fracasado, tiquismiquis, cuadrícula de Excel, friki gilipollas, asperger de los cojones, insulso!
Teddy Bear se levantó iracundo, agarró el cofre de Cousteau desafectadamente y se largó como una tortuga de mar en medio de una corriente oceánica. En la cabina de al lado, Pincho Moruno llevaba tiempo atendiendo a la conversación de Patricio y asintiendo sin escuchar a las preguntas de Gladis. Tan pronto como Bear hubo cogido la puerta, Pincho inquirió con una reconcomiente curiosidad.
-¿Por qué ha sido, Márquez?
-¿No lo sabes, Pancho Marino?
-Sí. Te llevo observando varios meses. El nombre. Teddy Bear es un plagio a Teddy Roosvelt, el presidente americano.
-Buen intento, Jincho, pero no. Los nombres propios no están sujetos a la legislación vigente… por ahora.
-¿Entonces?
-La corbata. Apareció en una viñeta del Don Miki 42 del año 1976. Tío Gilito se la come a trozos para paliar la tristeza de un negocio fallido. La corbata con dólares es un producto no comercializado, pero los derechos de autor pertenecen a la Disney. Ese hombre era un fraude.
-Ehm…. Vale, Márquez, lo que tú digas. ¿Vienes al patio a echar un frontón?
-No, gracias, Pincho de Tortilla. Prefiero el documental de “Ballenas antropomorfas”.  Es un clásico.
-Yo lo flipo contigo, macho.

Patricio no respondió al recluso, pero en su rostro se dibujaban unos ojos eternos perdidos en la inmensidad y unos labios definitivos en una sonrisa contenida. Fuera por lo que fuera, el agente de la $GA€ había vuelto.

viernes, 19 de agosto de 2011

Lambrusco estuvo aquí

El arte no puede ser copiado; al menos gratis.

Qué feo era el naranja butano del uniforme de recluso de la cárcel de Alcalá-Meco. Y cuántos infractores habían plasmado sus plagios sobre las paredes de excusados y celdas impunemente. A Patricio le entraban ganas de sacar la libreta y comenzar a repartir justicia artística, pero tan pronto como se echaba la mano al bolsillo recordaba que las camisas reglamentarias no lo tenían, que ya no tenía autoridad para multar y que no podría ver la serie limitada de “Caracoles homosexuales” en las tardes de verano. Quería llorar pero era políticamente incorrecto. Que su compañero fuera un payaso integral, bromista y con verborrea crónica tampoco ayudaba. En tales circunstancias esperaba ansioso noticias de su abogada de oficio, Vanessa Nas. Era una mujer joven, hermosa, sagaz y brillante, aunque a Patricio sólo le importaban las dos últimas cualidades. Mientras aguardaba su juicio, intentaba no perder la cordura en su convivencia con Lambrusco, el preso gracioso. Sin embargo, la tercera noche pasó algo.

- ¿Qué haces, Molusco?
- Quiero morirme, Patricio. Y me llamo Lambrusco.
- Si es una broma no es apropiada.
- ¡Buagggggggggggghhhhhhhhhh!
- Pero, ¿estás idiota? Baja de esa soga. No puedes hacerlo.
- ¿Por qué me has privado de ahorcarme, tío? ¿Tanto te importo?
- Es que no te puedes suicidar así. Ese nudo es propiedad de “Cadena perpetua”. Lo inventó Morgan Freeman. Debes pagar un canon.
- Pero, ¿tú eres imbécil o qué? ¿Estoy a punto de matarme porque soy bipolar, no tengo vino y la vida es una mierda y me vienes con el canon de los cojones? ¡Que estás aquí encerrado por culpa de ese impuesto, y encima sabes que no llevo dinero!
- Lo siento, Pedrusco. Son 45 euros.
- Toma, una china, dos limas y ocho cigarrillos. No tengo más.
- No importa. Ya pondré yo lo que falta hasta los 70 euros.
- Habías dicho 45, estafador.
- Es que los cigarros son falsificados. Ya sabes, plagio.
- Joder, Márquez, no descansas. Ojalá se me pase pronto el ramalazo suicida y vuelva a ser feliz como siempre.
- Bueno, así no se está mal.
- Lo que daría por un rosado italiano gasificado.
- Y yo por “Jirafas jíbaro”, Lamberto.
- Es Lambrusco, como el vino.

sábado, 9 de julio de 2011

La gran debacle

El arte no puede ser copiado; al menos gratis.

Lo malo de engancharse a La 2 y a sus documentales de naturaleza desatada es que uno no se entera de lo que pasa en el resto del mundo. Tal vez por ello, y por culpa de “Salamandras ralentizadas”, Patricio Márquez no reparó en que su trabajo, su agencia y su vida se estaban desmoronando, y que la $GA€ iba a cambiar sus novísimas oficinas centrales con olor a plástico precintado por el sudor de piedras húmedas del penal de Alcalá-Meco.

- ¿Patricio Márquez, agente de la $GA€?
- Hasta ahora sí, a no ser que alguien diga lo contrario.
- Yo digo lo contrario. Toribio Benemérita, de la Policía Nacional.
- ¿Ya no soy Patricio Márquez?
- Ya no es agente de la $GA€.
- ¿Me está amputando por algo?
- Sí, la pierna. Ande, vístase.
- Ya estaba vestido.
- Pues vaya camisa.
- ¿Por qué me detiene?
- ¿Dónde se ha metido los últimos cuatro días?
- ¿Por qué me responde con otra pregunta?
- ¿Por qué no te callas?
- Craso error, amigo. Esa frase es de S.M. Don Juan Carlos I. Debe pagar un canon.
- Los cojones. La $GA€ ya no tiene potestad, ni usted pertenece ya a esa organización, porque se va al garete.
- Pero, ¿qué me está contando?
- Queda detenido por su implicación en delitos vinculantes a la $GA€, incluyendo el desvío de fondos y el abuso de autoridad sobre derechos de propiedad intelectual.
- Oiga, yo nunca me he quedado con nada que no fuera mío.
- Eso está por demostrar. Pero, dígame: ¿no le suena multar a la gente por usar citas en exámenes, por utilizar expresiones en atracos, por jugar al fútbol como lo hacía Maradona? ¿Y no es menos cierto que ha multado a toros, a burros que se parecían a Rubalcaba, incluso a parejas que cohabitaban de manera ya repetida?
- Sí, así es. He detectado todos esos delitos y he cumplido con su deber.
- Mire, parece un buen tipo, y no se merece esto, pero se ha extralimitado y sus jefes se han llenado los bolsillos con su código artístico, que por cierto rebasaba todo lo razonable. Creo que cree en su trabajo, pero está equivocado, señor Márquez. Déme las muñecas.
- No tengo muñecas, señor Benedicta.
- Las de las manos, señor mío. Y me apellido Benemérita.
- Creo que voy a llorar.
- Conténgase. Voy a arrestarle.
- Eso se parece a lo que dijo el Che cuando iban a fusilarle: “Serénese. Va usted a matar a un hombre.” Está usted incurriendo en un delito contra la propiedad intelec…
- Cállese, señor Márquez.

El impacto por tropezarse con una cara de la realidad que no había visto en sus trece años de servicio supuso un trauma tan grande para el abnegado agente que olvidó incluso el documental de “Focas anoréxicas” que echaban esa tarde por La 2. Si había estado remando en dirección al fraude le costaría recuperarse de aquello. Tal vez nunca lo hiciera. La piratería, en la sombra, se frotaba sus sucias manos pensando en la bacanal copyrightística y el homenaje que se iba a pegar ahora que el más brillante y sagaz detective de los derechos de autor se encontraba bajo arresto.

sábado, 22 de enero de 2011

¡A Dios pongo por testigo que jamás volveré a pagar una multa!

El arte no puede ser copiado; al menos gratis.

Viajar de Madrid a Los ángeles puede suponer, para casi todo el mundo, doce tediosas horas de asiento y azafatas paseando, pero para Patricio implicaba zambullirse en un mundo apasionante de canguros albinos, ranas velocípedas y mariposas sin alas. Habiéndose aprovisionado de su reproductor de DVD y el material videográfico de National Geographic Etiqueta Negra que un agente de Proteger y Servir le regalara, el señor Márquez redescubrió el Parque Guell con toda su fauna de lagartos, gusanos, gatos y aves. Patricio se sentía entonces más afortunado que ningún otro ser sobre La Tierra, y mucho más de lo que se sentiría el burro de Shrek en cuanto fuera multado. Tras bajar del avión cogió un taxi hasta el barrio residencial de Glendale y se personó en la sede de Dreamworks. Encontrar el camerino del burro no fue difícil: siguió el rastro de zanahorias.

- Buenos días. ¿Es usted el burro de Shrek?
- No. Soy su mejor amigo. Burro.
- Bueno, da igual. Vengo a conminarle a pagar una indemnización al autor de esa cara.
- ¿Tengo que pagar a mi dibujante?
- No. Al original. Ha plagiado los rasgos faciales de un político famoso de España.
- Ah, España, México.
- No. España, Europa.
- Pero tendrá que pagar mi creador, no yo que soy un burro.
- No. Según la ley de propiedad intelectual será usted, como beneficiario de la operación, el que debe hacerse cargo de la cuantía de la multa.
- ¿Y si no quiero?
- Llame al ogro. Soy cinturón negro de lucha selvática y experto en llaves anaconda. Me duran ustedes dos telediarios de los de intermedio de partidos. No tienen nada que hacer. Abone, es lo más sensato.
- Muy bien. Que nadie se mueva. Tengo un dragón cargado, y no dudaré en usarlo. Soy un burro cabreado.

El ventanal circular a modo de rosetón del camerino de Burro se hizo añicos ante el vigoroso impacto de un par de fuertes alas membranosas. Un reptil gigante y alado se plantó en la estancia echando humo como un fósforo recién apagado. Patricio decidió que la mordida tigresca no disuadiría al dragón y aceptó irse sin cobrar. Se marchó cabizbajo al aeropuerto y tramitó la denuncia pagando el importe de su propio bolsillo. Más de 600 euros. Adiós al viaje a Kenia. Cuando pisó tierra firme en Barajas se quedó en la pista mientras los aviones despegaban y los pasajeros abrazaban a sus seres queridos. Miró al cielo y lanzó un juramento sagrado:


“A Dios pongo por testigo que no podrán eludirme. Sobreviviré, y cuando todo haya pasado, nunca volveré a pagar una multa de la propiedad intelectual, ni yo ni ninguno de los míos. Aunque tenga que mentir, robar, mendigar o matar, ¡A Dios pongo por testigo que jamás volveré a pagar una multa!”

miércoles, 5 de enero de 2011

La política es animada

El arte no puede ser copiado; al menos gratis.

El agente de la $GA€ Patricio Márquez arrastraba en sus ojeras los excesos televisivos de la noche anterior. Los especiales Los buitres egoístas y Cernícalos vegetarianos habían llenado su desvelo de pensamientos carroñeros hasta las cuatro de la madrugada. Patricio estaba harto de Mira que baila Gran Hermano y sus horarios prime time que relevaban sus estupendos documentales a la hora vampira. Cuando llegó al Congreso sólo tenía quería dormir y soñar con rapaces necrófagos. Sin embargo, tenía una misión que cumplir en el despacho del número dos del Psoe.

- ¿Señor Rubalcaba?
- ¿Sí? ¿Cómo ha entrado?
- Por la puerta. Su secretaria no se negó tras amenazarla con un multazo por escuchar la radio sin canon. Soy Patricio Márquez, de la $GA€.
- ¿De qué me está hablando?
- No se haga el tonto. Usted ha cometido un delito contra los derechos de autor y la propiedad intelectual.
- No, si no es que no le entienda; es que no sé qué me está contando.
- Vaya, vaya. No le conviene que se sepa esto dado su condición. Su carrera política al traste.
- Pero, vamos a ver. ¿Qué he hecho yo?
- Ya lo sabe. Usted le ha plagiado los rasgos fisonómicos al burro de la cinta animada Shrek, de Dreamworks, factoría a la que debe indemnizar.
- ¿El burro de Shrek? Llevo nueve años oyendo lo mucho que nos parecemos.
- Está claro que lo ha plagiado. Son 120 euros.
- Pero vamos a ver, muy señor mío, ¿cómo voy a copiar a un dibujo animado del año 2001 si yo nací mucho antes? En todo caso sería al revés. Además, en mi ficha médica, que curiosamente tengo aquí, no consta ninguna operación de cirugía plástica y por lo tanto, según el artículo 345.4b de la Ley Orgánica de Identidades y Fisonomía “no puede considerarse plagio un parecido razonable o idéntico cuando dicha similitud se deba a causas genéticas y no operatorias”.
- Pues tiene usted razón. No puedo multarle. En cambio el burro sí fue creado de modo deliberado y consciente.
- Ahí tiene usted caso.
- Disculpe las molestias, señor Alfredo Pérez. Ahora mismo vuelo para Glendale.
- ¿Qué hay en Glendale, California, que pueda interesarle?
- Dreamworks. El arte facial no puede ser copiado. Al menos gratis.
- Señor Márquez, una cosa.
- ¿Qué?
- Me gusta su estilo. Si alguna vez deja su trabajo actual, llámeme.
- Lo tendré en cuenta.

El agente más tenaz de la propiedad intelectual cogió un taxi rumbo a casa. Rubalcaba permaneció inmóvil, pensando en la que le iba a caer al burro palizas de Shrek. Desde luego, algo tenían en común: una barbilla inteligente, unos ojos persistentes o un semblante sincero. No es de extrañar que dibujaran al bicho con rasgos tan determinantes.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Los tigretones caníbales (2/2)

El arte no puede ser copiado; al menos gratis.

“Estimado agente Más Largo que un Día sin Pan:

Parece que volvemos a encontrarnos.

Si está leyendo esto es que ha hallado a Olimpia Gómez, también conocida como “la loca de los gatos”. Imagino que a estas alturas ya no quedará de ella ni los rabos. Es una pena pues no tenía nada en contra de esta mujer, pero necesitaba volver a llamar su atención. Decidí visitar a su huesuda anfitriona y esposarla al sofá, no sin antes adobarla en lomo y untarla en grasa de ternero. Demasiado goloso para los mininos, especialmente cuando su dieta se ha estancado. Es irónico que la devoren por no poder traerles más pienso industrial y ollas de lentejas. “No muerdas la mano que te da de comer”, dicen.

Bien, lo único que quería recordarle es que no le olvido, y que seguiré activo para que pueda seguir teniendo una razón para investigar. Al fin y al cabo, doy sentido a su otrora aburrida existencia.

Por cierto, su nueva compañera es muy atractiva; tiene esa belleza ingenua que tanto nos gusta a los que son como nosotros. Cuídela bien, o se la quitaré… y yo me canso pronto de la inocencia.”


Largo sintió miles de escalofríos azotando su columna vertebral, aunque ninguno dolió tanto como la punzada en el corazón cuando leyó la referencia a Elfo. Sentía rabia de que el asesino se comparase con él, impotencia de sentirse superado, y preocupación por no poder proteger a Ojos. Una mano amiga rebajó la tensión de su hombro izquierdo, pero Día sin Pan prefirió reservarse las malas noticias.
Ambos repararon en que las esposas eran reglamentarias, de la policía local, y no una buena imitación. El asesino tenía alguna relación con Proteger y Servir: podía ser un agente, un familiar, o algún sustractor de equipamiento policial. ¿Era un error del antagonista o quería dar pistas de su identidad? Largo no podía dejar de pensar en aquello, aunque antes debía cerrar el caso Solans.
Doce días después, el último gran gato era capturado sin daño alguno, y llevado como sus hermanos a las alcantarillas de la ciudad, donde les esperaba un sabroso menú a base de ratas tan gordas que parecían superconejos. A los cuatro meses ya no quedaba felino alguno, y la población de ratas sufría una importante merma que dio tregua a los equipos de desratización profesional.

El timbre de grulla en vuelo indicó a Patricio que llamaban a la puerta. La mirilla descubrió a un pintoresco y altísimo policía cuyo pantalón le quedaba como un saco, y el apretado cinturón únicamente exageraba el efecto.

- ¡Agente Pan Rallado! ¿Qué le trae por aquí? –Patricio no entendía la nueva visita.
- Tengo una citación para usted.
- ¿Qué me está contando?
- El Juez ha decidido multarle por aceptar sobornos a cambio de información en lugar de colaborar voluntariamente con la justicia -Largo intentaba refrenar su satisfacción.
- Pero, ¿qué está diciendo? ¿Van a hacerme ficha delictiva?
- No. El Juez Mola Mazo ha considerado circunstancias atenuantes pues su testimonio ayudó a resolver un caso crucial y le conmina a dos día de servicios a la comunidad y el pago de una multa de escasa cuantía. Si no acepta se tramitará la denuncia e iremos a juicio.
- Deje, deje, Pan sin Sal. No quiero manchar mi inmaculado expediente de la $GA€. ¿A cuánto asciende la multa?
- 90 euros si paga antes de treinta días.
- Aquí tiene. Ahora lárguese. Me estoy perdiendo “Lechuzos de punta”.
- Adiós. Por cierto, puede conservar los DVDs. Considérelos un regalo personal.
- Me gusta su estilo, oficial. No dude de que volveremos a vernos -concluyó Patricio.
- Lo sé –sentenció el larguirucho.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Los tigretones caníbales (1/2)

El arte no puede ser copiado; al menos gratis.

Pasaban rápidos los días y muy lentas las continuas broncas de Gordo pero que Manda Más que el Rey y de Sota de Espadas. Las sanciones de los jefes tampoco les afectaban mucho, pues consistían en chuparse las guardias nocturnas que ellos ya hacían voluntariamente en sus madrugadas detectivescas. Por fin Largo tuvo la clave: nadie quería hablar, pero cierto agente de la propiedad cultural lo había visto todo. Era el momento de jugar fuerte.
El albornoz y la leche de soja ya susurraban a Patricio Márquez que lo abrazara y la bebiera respectivamente, pero un timbrazo impertinente detuvo el ritual destinado a acompañar al documental “Lobos vegetarianos”. Aquel policía larguirucho recortó la luz de la puerta y deshizo toda esperanza de contemplar lupinos mascando hierba. Patricio aguantó el chaparrón de preguntas sin soltar prenda, hasta que Día sin Pan sacó su as de la manga: diez DVDs de National Geographic Etiqueta Negra sobre la fauna del Manzanares y los gusanos del parque Guell.
El señor Márquez explicó que los gatitos de la calle Solans eran milenariamente alimentados por una viejecita del número 5. Habían crecido hasta alcanzar dimensiones tigrescas pero la mujer seguía echándoles kilos y kilos de comida: restos del cocido, productos desechados por el supermercado, galletas de la Cruz Roja, partidas de Cáritas, hasta inmensas cantidades de rancho gratis del Jueves Lardero. Sin embargo, el suministro diario se había cortado drásticamente hacía tres semanas, y los gatunos empezaron a zamparse a los transeúntes para esquivar la terrible inanición, lo que les llevó a descubrir nuevos y exquisitos manjares como el codillo de niño o el jarrete de Maruja.
Largo regaló a Patricio la colección de DVDs y marchó hacia la calle Solans, no sin antes llamar a Elfo para que trajera una buena vaca a trozos para entretener a las mascotas.
Almendrados apareció con una tocinera y toda la artillería: Gorra Torcida, Bollitos Martínez, Geriatriz, Carapan Consésamo y ¿Qué Coño Miras?. Iban equipados con el uniforme antidisturbios y una carretilla de trozos de vacuno. Empezaron a repartir filetes y trozacos a toda uña retráctil hasta que Elfo y Largo consiguieron forzar la puerta del número cinco. En su interior encontraron los huesos indiscutibles de un ser humano, uno de los cuales aprisionaba unas esposas a la pata del sofá. Por si las evidencias no fueran suficientes, Largo encontró sobre la tele un sobre cerrado A SU NOMBRE. Su contenido era bastante inquietante.