domingo, 13 de marzo de 2011

El ciclista errante

Existen muchas y terroríficas leyendas urbanas, cuentos de terror tan horripilantes que preferimos utilizarlos para relleno de las tramas de Saw o los guiones de Sálvame. Muchos han oído hablar del misterioso político honrado o del futbolista que había acabado la ESO; a los más pequeños incluso se les atemoriza con las historias del portero de discoteca simpático o el autobusero que no daba frenazos. Todo cuentos para asustar a los niños que no tenían padres ricos para aparcarlos en las extraescolares. Hasta el momento no se ha podido verificar ninguna de esas leyendas. Ni siquiera la del adolescente sin Tuenti ni la del controlador aéreo que no hacía extras.
Sin embargo, circula un poderoso rumor por los carriles bizi de Zaragoza. Varios testigos han asegurado ver pasar a un oscuro personaje montado en bizi y jurando en hebreo u otras lenguas desconocidas. Lo llaman el ciclista errante.
Dicen las malas lenguas que el pedaleador eterno fue un antiguo responsable de urbanismo que diseñó los carriles bizi para la EXPO y que acabó de rematar su crimen gestionando las estaciones de bicicletas públicas de la ciudad del Ebro. Tanto empeño puso en su cometido que, según los más eruditos, hizo instalar tantos anclajes como bizis, pero equivocó los cálculos y se construyó una bizi de más. Nada más inaugurarse el sistema de transporte ecológico el concejalote decidió aventurarse a demostrar la utilidad del servicio, y también su propia inutilidad. Cabalgó uno de los colorados caballos de metal con orgullo y cierto sentimiento de superioridad, pues no todos los zaragozanos recibieron su carnet de jinete. Rodó, ascendió puentes, bajó pendientes, atropelló abuelas, invadió pasos de cebra, ralentizó autobuses… lo normal.
Pero llegó el momento de colgar la bizi y eran ya las 12 de la noche: Hora de que Cenicienta dejará su trabajo de Drag Queen y se marchara a casa a limpiar y fregar escaleras. Y hora también de que las bizis Zaragoza estuvieran todas aparcadas. El zoquete metropolitano vagó y vagó por los incontables carriles bizi buscando un anclaje libre. Se pasó nueve horas del límite de préstamo de bizis y le pusieron una multa tan gordaza que tuvo que vender el piso de La Muela y uno de los dos apartamentos en Salou. Recortado en la inquietante silueta de la pasarela del azud, con la luna agonizante a la espalda y el sol naciente al frente hizo un juramento sagrado: “Nunca volveré a vagar por la ciudad buscando un párking para la bizi. En cuanto vea un puto anclaje se lo quito al primer pardillo que ruede y la maldición pasará a él.”
Y así fue. Los días de cierzo cuentan que por los carriles bizi rueda el ciclista errante. Lo conocerás por sus juramentos ininteligibles y su semblante de “mecagüen tó”. Desconfía si estás bizicleteando entre un aparcabizis libre y él, porque dicen los más antiguos del lugar que se abalanzará sobre el anclaje con una velocidad demoníaca y te traspasará la maldición. Y entonces vagarás sin rumbo, entre estación y estación, buscando un sitio libre para arrebatárselo a algún ingenuo ciclista que, una vez haya asumido su desgracia, sólo dirá una palabra: “¡Maldición!”
No te tomes esto a risa. Hubo quién ridiculizó la leyenda y cayó en destinos peores. Dicen los más ancianos de Mañolandia que un ciclista se jactó un día de encontrar siempre un párking libre, cruzando en rojo o demarrando ante inocentes usuarios. Bien, pues dicho tipo fue condenado por los poderes fácticos a encontrar siempre los anclajes vacíos, y a no poder coger jamás la bizi porque están todas ocupadas. Desde entonces vaga a pie por los carriles verdes buscando un caballo de metal por domar, y volviendo a casa sobre sus propios pasos. Dicen que esta maldición no se traspasa, sino que se contagia a un ritmo vertiginoso.

jueves, 10 de marzo de 2011

La desinformación

La verdad es el arma más poderosa de todas. Arrasa regímenes políticos y desvela escándalos, condena a santos inocentes y absuelve a presuntos demonios. Su único talón de Aquiles es la incertidumbre que le rodea, porque las falacias se revisten de un tejido de certeza falso, pero de profundo parecido.
El paradigma de la información, de la verdad desnuda y accesible a todos lo abanderan los medios de comunicación de masas. Son gigantescos expositores de datos en formato auditivo, visual o audiovisual: la televisión, la radio, la prensa escrita e Internet.
Pero los medios no dicen toda la verdad. Tampoco suelen mentir descaradamente. Hacen algo peor: venden una verdad sesgada como certeza objetiva y absoluta. Y añado un ejemplo: el famoso Pacto del Agua del PP trajo de cabeza a aragoneses y murcianos. Los unos veíamos como se nos llevaban uno de nuestros escasos bienes naturales; los otros no podían seguir abasteciendo la huerta sin riego. La noticia se vendió como insolidaridad aragonesa o como frivolidad murciana. De nosotros se decía que éramos unos paletos aferrados al botijo porque aquí sobraba el agua del Ebro y no queríamos soltarla; de ellos que eran una panda de pijos esnobs enrabietados por no poder regar los campos de golf. Yo aquí ni entro ni salgo. No sé cuál era la verdad, porque los datos que nos daban eran incompletos y tendenciosos. Lo que sí sé es que nos odiábamos por algo que no habíamos hecho. A algunos les interesaba esa polémica. Algo sacarían: desviar la atención, un puñado de votos, inclinar la opinión pública,… Respecto a este pacto, siempre he tenido dudas de lo que estaba bien y lo que no, pero mucha gente llevaba sus manipuladas ideologías al extremo, tanto aquí como allá, pensándose que enarbolaban el estandarte de la justicia autonómica. Cómo nos engañan.
He repasado algunas de las noticias más impactantes de los últimos años y no puedo menos que considerar que han caído –la mayoría de ellas–, en el más triste de los olvidos. ¿En qué quedó la búsqueda de armas de destrucción masiva? ¿Está vivo Osama Bin Laden? ¿Y la adolescente expulsada del instituto por no querer desprenderse del velo? No cabe ninguna duda que lo que mueve a los noticieros a lanzar u esconder la información es algo tan oscuro como los intereses de los poderosos, o tan frívolo como el sensacionalismo de su contenido. Hace unas semanas señalaban que el exjugador astur Juanele había sido detenido por pinchar las ruedas de un coche pensando que era el vehículo de su exmujer. Joder, pues ya son ganas de joder al pobre hombre, que estaba ya hecho una ruina y al que le llamaban whiskynele por su afición a… ¿el whiskas de los gatos?

Michael Jackson murió hace ya un rato, pero poco se sabe de si asesinado, naturalmente o negligentemente. Tampoco conocemos la verdad de la gripe A. ¿Era tan mortal como se presumía o tan sólo se trataba de una campaña farmacéutica para facturar miles de millones en vacunas? Tampoco sabemos si los mineros chilenos han vuelto al subsuelo o se han hecho mediáticos, si la pobre Marta del Castillo descansa bajo las irreverentes cañas de un páramo o en el fondo del lecho guadalquiviriano o en un millar de peces mediterráneos. ¿Los controladores aéreos han sido demandados o fue todo una rabieta psoista pintada de Blanco? E Irlanda y Grecia, ¿siguen promulgando los movimientos antigobierno y migratorios respectivamente? El volcán islandés de las cenizas…¿se ha extinguido por siempre o está que echa fuego por la boca? Y de la fuga del oleoducto de BP no se ha filtrado nada más, que sepamos. La ley antitaurina dividió a antis y pros, pero parece que ya nadie se acuerda porque Matías Prats está más ocupado hablando de la Ley Sinde contra la piratería o de la crisis, único tema que nos ha acompañado reiteradamente durante años. El terremoto de Haití parece que se lo haya tragado la tierra, ya no filtran datos sobre wikileaks y los otros piratas, los somalíes, deben haberse retirado tras cobrar del Alakrana. Si hasta parece que nos hemos olvidado de la jornada partida o intensiva en los colegios, y de toda la inclinación subjetiva con la que abordaron el tema.
Las noticias son pendencieras, enseñan sólo una parte y se olvidan de muchas otras. Lo relevante y lo superfluo pierden su distancia o la invierten. Sólo así se explica que no me entere de quién ha ganado el último nobel de literatura y sí de qué lesión tiene Cristiano Ronaldo, que me parece que se ha lastimado el ego, pero pronto se cura. Ya saben, si quieren la verdad, lean, escuchen y visualicen, aunque sólo sea para poder investigar sobre una mentira o una certeza a medias. Mientras, recuerden que Libia está patas arriba y que no se puede circular a más de 110 km/h en las lentovías españolas.

jueves, 3 de marzo de 2011

Fríos como el acero

Tienen la mirada perdida en el horizonte, y pueden enfocarte a los ojos y traspasarte visualmente, como si no les importaras un carajo, como si no hablaran contigo. Nunca sonríen, y no te regalaran una mueca amistosa por condescendencia, simpatía o bonachonchez.
Los hombres duros parecen sacados de una película de Clint Eatwood. Serios, graves, bañados en esa aureola de determinación y conocimiento supremo, son personas de economía gestual y antipatía social. No puedo con ellos. Me desmontan a cada saludo no devuelto, a cada respuesta seca, a cada mirada de tedio. Los hombres fríos tienen una cualidad que siempre envidiaré y nunca entenderé a la vez: no necesitan caer bien.
Caminan por el mundo provocando desplantes en los seres como yo, temerosos del silencio incómodo y del no saber qué hacer con las palabras vacías. Para ellos no hay cisma: si no tienes nada bueno que decir, cállate. A veces se produce un curioso pulso entre los que aguantan la soledad conversacional y los que morimos por la boca antes que enfrentarnos a ella. Los duros callan y otorgan –como siempre–, y esperan pacientes a que los bocachanclas rompamos la belleza del fujitsu con nuestras ordinarieces. Cuánto me gustaría decirles a estos individuos que son unos sotas y que no le caen bien a nadie, pero me parece que les daría igual. Supongo que lo notan en cada mirada despechada que les lanzamos, en los puñales que les dedicamos cuando llevamos tres “parece que refresca” y un “ya estamos aquí” sin feedback ni otras limosnas. Son unos sosos y unos rancios, pero cuánto me gustaría poder llenar el silencio incómodo de bellas ausencias sonoras como hacen ellos, revistiéndose de la pasta de los héroes peliculeros mientras nos dejan a los demás el papel de comparsa o de mejor amigo del bueno.
Pues que sepáis que no parecemos tan interesantes, ni misteriosos, ni levantamos tantas ampollas, pero les caemos mejor al vulgo que vosotros, Mourinhos de pega, Mejides de pacotilla. Además, cuando estoy rebotao, hago de borde mejor que vosotros. La pena es que el efecto me dura dos telediarios.

jueves, 24 de febrero de 2011

Negro presente

Soy un hedonista de la psique bajo los efectos de las sustancias y sus revelaciones oníricas y alucinatorias. Vivo en un mundo que trasciende las convenciones de éste.
Estoy harto. Voy por la calle y me miran mal. Si entro a una tienda me abuchean. Me dicen que huelo a blanco, que tengo los ojos azules y que mi piel es demasiado clara. Me insultan, se ríen de mis músculos de mantequilla, de mi pelambrera lisa, de mis labios finos. Dicen que soy como un chino pero sin estreñir. Ya no sé qué hacer. Amo este país pero no soporto que los de color me consideren inferior, cuestionen mi calidad genética o se mofen de todo mi físico –de lo que se ve y de lo que no se ve– porque es pequeño, flácido o falto de pigmentación. Qué más quisiera yo que ser como ellos: negro, cachas, superdotado y además inteligente. Pero me han hecho así: blanco, desustanciado y difícil de ver. Si hasta una vez me desnudaron, me apalearon y me pintaron de un color entre canela y café. Me tienen negro. Odio ser el blanco de todas las denigraciones.

sábado, 19 de febrero de 2011

Dani guarda de seguridad

A veces ganan los buenos.

Lo primero que notó Largo al despertar es que un ruido seco es peor que un reloj de alarma. Lo segundo fue que la chapa de policía local de Elfo se le había marcado en la mejilla, lo que equivalía a haber dormido sobre sus pechos de ensueño y no haberse dado cuenta de nada. Lo último que percibió es que la sangre se le había subido a una parte muy especial de su anatomía. Volvió de Morfeolandia entonces la rubia más bonita con uniforme y se levantó medio dormida. Largo se puso también de pie un tanto raro por la situación y marcó una pronunciada erección en el tejido de sus pantalones reglamentarios. Elfo lo notó y no sabía que decir.

- Vaya. Qué corte, ¿no? –dijo la chica asesinada en rubor.
- No, oye, espera, que no es lo que parece –balbuceaba Día tapándose el argumento delator–, que, que esto n-no, no, no significa e-e-eso. Que esto pasa cuando los hombres se despiertan, es muy común. Es para purgar la poll…la sangre. Dios, que incomodidad.
- Dímelo a mí, Romeo.

La conversación de besugos podía haber durado siete u ocho sonrojos más, pero un nuevo ruido captó su atención. Algo se cocía ahí fuera. Elfo quería salir pistola en mano pero Largo le suplicó que esperase, que no podía apuntar a alguien con las dos pipas a la vez. Se moría de vergüenza de estar empalmado, pero le parecía mucho más surrealista detener a alguien con semejante oda a la viagra. Optaron pues por avanzar sigilosamente y en silencio. Los sonidos les llevaron hasta la puerta de servicio, donde el guarda de seguridad metía varias prendas de vestir en un plástico gigante y luego, aprovechando el ángulo muerto de la cámara de vigilancia, introducía el paquetón en el contenedor de residuos. Después echó la persiana y volvió a conectar la alarma. Nada más darse la vuelta topó con Elfo y Día sin Pan. No intentó escapar ni ofreció resistencia. Simplemente rompió a llorar. Largo agradeció la respuesta, pues aún se encontraba en modo morcillón y pasaba apuro. Ojos le echaba miradas disimuladas. Desde luego estaba bien dotado.

Daniel Zarzolé llevaba diez años como vigilante nocturno en los almacenes RYC. Su trabajo era tranquilo porque se desarrollaba en el interior aunque no dejaba mucho sueldo. Es por ello que desde hacía dos años y medio se dedicaba a alquilar clandestinamente por horas la ropa de la planta de caballero, siempre en horario nocturno. Él sacaba las prendas solicitadas al dar las once y se las devolvían antes de las 8 de la mañana. Su socio estaba en paro y era el que se encargaba de entregar el género y cobrar el alquiler. No era mucho dinero, pero conseguían sacar 800 euros mensuales por cabeza. Dani tenía un listado hecho a mano, pero muy completo, con todos los clientes y los artículos prestados. El abrigo adobado lo había pagado un tal “aspa verde”. Los dos agentes cerraron el servicio de alquiler y las pesquisas esa misma noche. Cuando apareció el socio Largo sacó de su bolsillo un fajo de fotografías atrapadas por una goma. Ahí estaban Vaya Marrón, Más Largo que un Día sin Pan , Gorra Torcida, Sota de Espadas, Cuadrícula de Excel, Ojos Almendrados de Elfo, Gordo pero que Manda Más que el Rey, el fallecido en acto de servicio Guapo con Ganas, Machote, Bollitos Martínez, Carapán Consésamo, Jovellana Violácea Flores, Geriatriz, ¿Qué Coño Miras?, y muchos otros. El socio no era muy listo pero sí buen fisonomista. De entre todas las fotos de policías de la ciudad reconoció a uno de ellos como “aspa verde”.
Elfo y un cariacontecido Largo cerraron el negocio de Dani guarda de seguridad, pero no le detuvieron ni dieron parte. A las dos semanas el vigilante y su amigo encontraron otro medio de sacar dinero: Dani se dedicó a escanear libros para que la gente se los pudiera descargar en Internet. El socio directamente los copiaba en Word, pero por eso le pagaban menos y llevaba mucho más tiempo.
Durante tres días la fotografía del policía señalado por el socio fisonomista se grabó a fuego en la mente de Largo. Todavía no le había revelado a Ojos Almendrados de Elfo la identidad del adobador. Si antes temía por la seguridad de su amiga, compañera y tal vez algo más en un futuro lejano, en esos momentos estaba absolutamente derrotado. El agente señalado era Cuadrícula de Excel.

viernes, 11 de febrero de 2011

Querido Hijo de la Gran Puta

Estimado Malnacido:

Quiero agradecerte personalmente tu regalo de Navidad. Por cierto, llega dos meses tarde. Cuando visité Madrid no pensé que te acordarías de mí, un simple paleto provinciano que decidió malgastar uno de sus días del puente inmaculado-constitutivo en la mugre de tus calles. Tuyas. Porque sólo tú y ningún madrileño más se merece tanta suciedad moral, tanto clasismo tercermundista, tanta prepotencia aristocrática.
Este mediodía me ha llegado tu multa traicionera. No estaba en casa y además de soltar la gallina me ha tocado darme un paseo hasta Correos. No podía imaginarme qué absurda señal de circulación había podido mancillar. Yo, que cuando cojo el coche me adelantan las bicis, que cuando entro en zona urbana se cagan en mis muertos los cuatro estresados de detrás que no aceptan que vaya a 50 porque lo dice la señalización. Sí, yo soy de esos gilipollas que respetan las normas, y que me miran mal por ello hasta los coches de policía. Que lleve ya cuatro multas es de puto cachondeo, y todos los que me conocen se deshuevan de semejante disparate.
He rasgado el sobre y se han confirmado parte de mis sospechas. Efectivamente la infracción la he cometido en ciudad y no en comunidad. Ya sabemos algo. Luego la pregunta del millón: ¿Por qué? “No respetar las señales en una vía de circulación restringida o reservada”. He llegado a casa y he enchufado el Google Earth. “Calle Los Madrazo.” Y ahí estaba mi malvado crimen desnaturalizado. He circulado por una vía exclusiva para residentes. Que sí, que estaría señalizado y toda la pesca, pero los paletos del botijo bastante tenemos con bajarnos los cojones de la corbata y mentalizarnos para conducir por tu ciudad, por ese laberinto de asfalto y caos donde se maneja peor que en ningún otro sitio de España. Y todo gracias a ti. Y yo, aventurero y osado, circulando por el km 0 buscando un aparcamiento gratuito. ¿Cómo cojones iba a ver tu “Sólo residentes” si ya iba superado por el discurrir de vehículos y el sentido de la vida y de las calles? Claro que todo tiene solución. Si presento un ticket de aparcamiento me perdonáis los 90 euracos. Pero hijo de la gran pepa, ¿cómo coño voy a guardar un recibo de parking dos meses después de dejarme 22 € en él? Tampoco me hubiera valido, pues estacioné en otro lugar de pago.
No he dejado de pensar en ti. En tu inmoralidad y tu codicia. En qué vas a gastar mis 45 euros –ten por seguro que no voy a esperar para acabar palmando el doble. Tal vez te cambies esas gafas de culo vaso, o te operes el entrecejo para dejar de parecer subnormal profundo; a lo mejor las inviertes en esas rayas que te debes esnifar a diario o en los servicios orales de una rumana apurada de pasta. Poco importa. Pero te deseo lo peor del mundo. No que tengas hijos deformes, ni que te partan la cabeza, ni que pierdas las elecciones. No te deseo desgracia alguna. Sólo espero que seas lo más infeliz que se pueda, que tus coches caros y tus trajes de tres mil euros no consigan arreglarte la vida. Que lo tengas todo –ya lo tienes– y no te valga para nada. Que seas un amargado toda la vida por amargarme a mí tan injustamente durante cinco minutos. Porque yo nunca he ido a 200 km/h, ni he conducido borracho, ni he puesto a nadie en peligro. Que un nini gilipollas circule a 190 todo el trayecto y se pegue la gran frenada frente a un radar me parece la mayor hipocresía del mundo, o que cualquiera con un coleguita en tráfico no pague ni una multa. Eso sí es injusticia y corrupción. Pero que paguemos al Exclmo. Ayuntamiento de Madrid por rodar por una calle para pijos estúpidos me parece de un cinismo extremo. Si no quieres que la gente circule le pones un par de pivotes y punto. En otros sitios se hace. Pero que una cámara filme a todo coche viviente y después de comprobar quién es residente y quién no, se tramiten las sanciones me parece cuando menos bajuno, cobarde y traidor. Gracias y a ti y a tu puta madre tardaré en volver a pisar Madrid y a dejarme la pasta en sus hoteles y comercios el mayor tiempo posible. Pero no te preocupes por mi odio. Los usuarios de la M-30 alimentan muchos más sentimientos destructivos hacia tu voz de flauta y tu verbo prepotente. Sólo una cosa más: Píntate bigote y podré presumir de que me multó Groucho Marx. Y haznos un favor a todos: No endeudes a España con tus olimpiadas de los cojones, fracasado, chorizo, y mangante.

PD: Mañana mismo te ingreso los 45 €