Acompañar a Kyro en su Bildungsroman en busca del Gran Rey de Reyes supone bucear en las cenagosas profundidades del alma humana y hartarse de nadar en ellas hasta que su fangoso fondo nos ahogue o las marismas se tornen cristalinas y transparentes, según la dirección tomada. La obra de Eusebio Pellicena es un viaje no tanto físico sino existencial, donde lugares, personajes y acciones se alegorizan para plasmar el drama humano e invitar al lector a darle la vuelta a la tortilla vital con un par de huevos bien batidos.El Gran Rey de Reyes es elegido cada diez mil años y semejante fallo puede condenar o salvar a la raza humana según su reino de procedencia, siendo Alegría, Rabia, Tristeza, Miedo, Amor y Resentimiento los más poderosos. Todos los demás, incluido el de Kyro, el Reino de la Sensibilidad con su sabia reina Delicadeza, simpatizan con los anteriores y les ceden su voto para hacerlo útil y decantar el futuro de los hombres hacia las lóbregas simas de la oscuridad o las esperanzadoras laderas de la bondad. Pero llegar a la Gruta de la Espiritualidad –el congreso de turno- no será tarea fácil para los sensibles, especialmente para su ingenuo embajador, Kyro, escogido por los valientes designios de Delicadeza,
una suerte de hada, soberana dulce y madre freudiana con arrestos de maestra de la vida para el despertar madurativo de un individuo esencialmente bueno, pero sin desgaste experiencial. El viaje de Kyro y su comisión hasta el hogar del Gran Rey es tan sólo un aprendizaje que Delicadeza regala al más puro de sus súbditos para enriquecer su espíritu y volcarle toda su más escondida sabiduría. Por el camino sortearán valles de falsas esperanzas, pozos de tentaciones, montes de libertad, aburridas llanuras, oasis de felicidad, desiertos de soledad y mares de dudas hasta llegar a la Isla de la Luz con su Bosque de las Mentiras y su Colina de la Verdad, reducto ésta última de la Gruta de la Espiritualidad, hogar del gran monarca.
La transición a la madurez de Kyro comienza con la abrupta partida de su reino, y acaba con la decisión del Consejo sobre el nuevo Rey de Reyes.
Durante el trayecto el embajador de Sensibilidad y el lector receptivo aprenderán a valorar las cosas, los momentos, las decisiones y las dificultades como parte de una profesión que todos deberíamos compartir con el campesino de los Montes de la Libertad: Vivir.
“Ahora sí entendía las palabras del hombre. Hay gente que vive sin vivir. Atados a sus obligaciones y deberes, en vez de a su voluntad, para no disfrutar de sus vidas. Ser libre es practicar esto último. Se puede gozar la vida trabajando, jugando, comiendo, paseando. Sólo hay que hacer una cosa: VIVIR.
Y vivir intensamente todo. Lo bueno y lo malo. Eso es la Vida.” (pág. 18)
Técnicamente, el fondo pesa sobre la forma. La expresión es nítida y sencilla y el autor carga todos su recursos estilísticos sobre el profundo simbolismo
de los parajes y los hechos que en ellos acontecen, reflexionando sobre el trasfondo de la existencia humana con tanta curiosidad que a veces parece que El Principito se oculta en su juventud bajo los tiernos sentimientos de Kyro de Sensibilidad. Tal vez Eusebio Pellicena haga envejecer a ambos personajes en un futuro literario tan bello y metafórico como el que han dibujado Antoine de Saint-Exupéry y Alejandro Navarro Serrano, ilustrador a medida de El Gran Rey de Reyes.
PELLICENA, Eusebio. El Gran Rey de Reyes. Zaragoza: Ed. La Fragua del Trovador, 2010. www.lafraguadeltrovador.com
una suerte de hada, soberana dulce y madre freudiana con arrestos de maestra de la vida para el despertar madurativo de un individuo esencialmente bueno, pero sin desgaste experiencial. El viaje de Kyro y su comisión hasta el hogar del Gran Rey es tan sólo un aprendizaje que Delicadeza regala al más puro de sus súbditos para enriquecer su espíritu y volcarle toda su más escondida sabiduría. Por el camino sortearán valles de falsas esperanzas, pozos de tentaciones, montes de libertad, aburridas llanuras, oasis de felicidad, desiertos de soledad y mares de dudas hasta llegar a la Isla de la Luz con su Bosque de las Mentiras y su Colina de la Verdad, reducto ésta última de la Gruta de la Espiritualidad, hogar del gran monarca.La transición a la madurez de Kyro comienza con la abrupta partida de su reino, y acaba con la decisión del Consejo sobre el nuevo Rey de Reyes.
“Ahora sí entendía las palabras del hombre. Hay gente que vive sin vivir. Atados a sus obligaciones y deberes, en vez de a su voluntad, para no disfrutar de sus vidas. Ser libre es practicar esto último. Se puede gozar la vida trabajando, jugando, comiendo, paseando. Sólo hay que hacer una cosa: VIVIR.
Y vivir intensamente todo. Lo bueno y lo malo. Eso es la Vida.” (pág. 18)
Técnicamente, el fondo pesa sobre la forma. La expresión es nítida y sencilla y el autor carga todos su recursos estilísticos sobre el profundo simbolismo
de los parajes y los hechos que en ellos acontecen, reflexionando sobre el trasfondo de la existencia humana con tanta curiosidad que a veces parece que El Principito se oculta en su juventud bajo los tiernos sentimientos de Kyro de Sensibilidad. Tal vez Eusebio Pellicena haga envejecer a ambos personajes en un futuro literario tan bello y metafórico como el que han dibujado Antoine de Saint-Exupéry y Alejandro Navarro Serrano, ilustrador a medida de El Gran Rey de Reyes.PELLICENA, Eusebio. El Gran Rey de Reyes. Zaragoza: Ed. La Fragua del Trovador, 2010. www.lafraguadeltrovador.com


































