miércoles, 14 de abril de 2010

Infracción en las aulas

El arte no puede ser copiado; al menos gratis.

A Patricio Márquez no le gustaban mucho los institutos. No en vano había perdido seis años en uno de ellos. No podía quitarse de la cabeza los gemidos juguetones de los delfines albinos en primavera. Los documentales de La 2 contenían toda la belleza animal y él los devoraba como el león a la gacela, como el inspector de la SGAE al infractor. Por fin apareció el malvado delincuente.

- ¿Alberto Coma?
- ¿Cómo?
- ¿Coma?
- No. Gómez.
- Pues aquí dice Alberto Coma.
- Pues soy Liberto Gómez.
- Bueno, no importa. Siéntese, señor Pérez.
- Gómez. ¿Qué te has fumado, ko?
- Usted ha cometido una infracción de tipo tres, plagiando material protegido sin consentimiento del autor.
- ¿Mande?
- A ver. ¿Usted escribió en el examen de filosofía “Los sabios son los que buscan la sabiduría; los necios piensan ya haberla encontrado.”?
- Claro. Es mi cita estrella para hablar del existencialismo.
- Pues no estaba autorizado a usarla.
- ¿Cómor?
- Tiene que pagar una multa.
- ¿Al autor?
- No. A la SGAE que defiende los derechos de los autores fallecidos.
- Menos mal. Por un momento pensé que Napoleón I iba a venir a cortarme la cabeza por usar su cita.
- Pues serán 150 €.
- Tú lo flipas.
- Pague y será un ciudadano honesto. Además puede pagar 200 y se asegura los derechos de uso de la cita por siempre jamás.
- O sea, que si te doy 200 pavos puedo usar la frase siempre que quiera.
- Afirmativo.
- Vete a la mierda.
- Ya sabe que si no paga su nombre quedará vinculado a un fichero de morosos de la policía con todo lo que supone, supresión de becas, inhabilitación para cargos públicos, etc. Y usted quería ser bombero, señor Colmes.
- Anda que no sabes, ratón. Pásate la semana que viene que te doy las perras.

Patricio Márquez volvió siete días después y cobró los cuatro billetes marrones prometidos. Tan contento se marchó pensando en “La grulla en celo” que despachaban esa tarde en La 2 que no vio un interesante anuncio en conserjería. El cartel decía lo siguiente:
“GRAN COLLECTA A FAVOR DE LOS NIÑOS POBRES DE MÓNACO. DONATIVO: 1€. RECEPCIÓN: LIBERTO GÓMEZ”

jueves, 8 de abril de 2010

Pedid y se os dará

Los jetas carecen de muchas cosas. No saben trabajar, ni entienden de madrugones ni comulgan con las responsabilidades. En su favor, son expertos innatos en coger piedras y sacarles sustancia. Ponen su dignidad de rodillas o la abren de piernas o con el culo en pompa y sacan, producen beneficio donde los demás sólo vemos campos yermos y terrenos baldíos. A menudo se llenan la cabeza de pájaros y multiplican sus cántaros de leche o miel hasta especular con media costa del sol. Lo gracioso es que suelen partir de cero y llegan a cien allí donde los honestos hacen cincuenta después de ahorrar y picar con sacrificio y abnegación.
Gonzo Manchas Mácula es un licenciado de la vida. Ni tiene carrera ni la secundaria aprobada. Era demasiado vago para rematarla. Todo lo que hizo fue aceptar como regalo el primer ciclo a cambio de nada. Después vinieron trabajos de camarero en discotecas. Al principio pintaba bien, pues el sueldo le daba para el alquiler y para sus gastos. Una de sus ventajas es que siempre ha sabido ratear allí cuando los billetes escaseaban. Pero un buen día abrió tanto los ojos que se llenaron los sesos de posibilidades que no tenía. Y dijo que era actor y se puso el mundo por montera. Infructuosos meses después nuestro héroe volvió más pobre pero no más sabio, pues desoyó los consejos de los que le queríamos bien. “Busca un trabajo”, le decíamos. Pero él quería ser director de cine. Invirtió los dineros que no tenía acudiendo a su amigo Esquesino Mateos. Le prestó el dinero sabiendo que no lo recuperaría. Lo que hace la amistad (¿o es la debilidad?). Gonzo creó un largo de cierta gracia pero de excesivas pretensiones. Se pateó –poco- el circuito profesional y acabó por aparcar el proyecto ante la falta de posibilidades y de constancia. Llegaba el momento de ser cantante. Gonzo Manchas entonaba como el culo pero tenía demasiado carácter para que nadie le quisiera decir la verdad. El jamacuco le duró poco esta vez, y las pérdidas fueron menores. Después vino la venta de la colección de sellos de su padre. Gonzo lidió hábilmente con sus hermanas para rentabilizar los ingresos: Pagó la residencia de su padre y se quedó la mitad de las perras. Sus conformadas hermanas no hicieron mucho ruido, pese a que sus novios veían el dinero inclinarse hacia el mismo bolsillo. Así fue como Gonzo se echó novia, compró un cochazo y empezó a llevar un tren que no podía soportar, al menos económicamente. Como los malabares parecían pocos, nuestro vividor montó un bar con el dinero que les debía a sus desgraciadas hermanas. Pero era tan vago que se olvidaba de abrir o se apresuraba en cerrar: la noche era demasiado dura en el lado ingrato de la barra. El garrafón y las tapas pasadas sentenciaron el negocio. De hecho la sabiduría popular bautizó el local como la hierba de Atila: el que lo pisaba una vez nunca volvía a poner los pies en él. Gonzo mientras se montaba sus películas. Echaba la culpa a la conjunción virgo-piscis, a la orientación norte, al Imaginarium de la esquina y a la tienda de crucifijos de enfrente. Era incapaz de vislumbrar un mínimo fallo es su impecable gestión. De nuevo, nadie tuvimos valor para decirle que su bar era un asco y que por eso nunca teníamos sed, que lo de ser abstemio era sólo en ese lugar. Al final Gonzó chapó por culpa de los demás pero mantuvo su tren (y su cochazo). Su novia empezó a cansarse de darle dinero para que invirtiera en ranas del Brasil o en venta ambulante de cuadros de arena. Sus discusiones eran constantes, pero ya se sabe: mujer enamorada mujer doblada. Y así continuó madrugando para él, para seguir viajando ambos en ese AVE a toda velocidad. Pero el señor Manchas tenía un as en la manga: volvió a pedirle dineros a Esquesino. El desgraciadico no sabía decir no pero cada vez se incomodaba más de malvivir veinte años en la metalurgia como una hormiga para que Gonzo se llevara sus perras en billetes gordos. Sus proyectos eran ambiciosos y Esquesino sufría mucho. Al principio por su amigo, últimamente por su disminuidos ahorros. Pero Gonzo quería abrir una academia de baile, que sin duda era su gran vocación. Tampoco quería vender su cochazo, y mentía constantemente a sus hermanas, sabedor de que desaprobarían sus tejemanejes. Esquesino cayó en una profunda depresión. Su mujer le puso un ultimátum: “o cierras el grifo o me voy con el bombo, que tu hijo necesita un porvenir y tu amigo nos está desfalcando. Que si se muere de hambre puede venir aquí a comer, pero que trabaje como hacemos todos, que estoy cansada de hurgar coños para que este caradura dilapide lo que no está escrito.” Marta, ginecóloga ella, acabó cogiendo el bombo, el piso y la pensión alimenticia. Esquesino siguió salvando el culo de su gran colega, y metió el suyo en el fango hasta que se ahogó. Perdió la custodia, la casa del pueblo y siguió prestando a su vampírico amigo hasta que el juez le embargó el sueldo. Hoy en día he perdido la cuenta del dinero que Esquesino le habrá dado a Gonzo, pero podría rondar los siete millones de pesetas. Por lo menos su empresa de masajes naturales parece funcionar: sólo pierde 400 € al mes. Para tratarse de Gonzo, casi es ganar dinero.
Nunca me he atrevido a decirle a Gonzo que es un sinverguenza. Tampoco sabe que yo sé todo esto. Es Marta quién me lo ha confesado. Ella es relativamente feliz, pero perdió al hombre de su vida por culpa de un jeta vividor y destrozafamilias. Claro que Esquesino también tiene lo suyo. Era tan bueno que nuca supo cortarle los pies a la sanguijuela que le chupaba. Las hermanas de Gonzo ya no quieren saber nada de él. Dan el dinero por perdido y lo han borrado de su existencia. Han hecho muy bien. Y yo soy amigo del actor, director, bailarín, empresario, cantante, masajista y licenciado de la vida, pero hoy que sé hasta donde ha llegado su irresponsabilidad y voracidad, ganas me dan de no volver a hablarle hasta que no devuelva hasta el último chavo. Me temo que el mutismo sería eterno.

domingo, 4 de abril de 2010

¿Vale la pena este blog?

Según Arkaitz sí compensa eso de clickear sobre el enlace y dejarse las pestañas leyendo. Por eso, porque nos ha otorgado el "Premio Vale la pena" me siento autorizado para recomendar diez espacios bloguísticos que merecen ser visitados y comentados.

Las normas de recepción del premio se reducen a colocar este sello como hipervínculo al blog que os lo otorgó, agradecerle su fallo y elegir tus diez blogs favoritos con sus enlaces, además de explicar las reglas para que la cadena no se resquebraje.
Muchas gracias al Rincón de Arkaitz y allí van mis sugerencias que espero visitéis porque colmarán vuestras ambiciosas expectativas.

Dirty clothes clean at home.
Los Rufianes acabarán siendo míticos. Además se lo debía.
El rinconcito de Kela. Hay detalles de la realidad que sólo Kela sabe apreciar.
¿Acaso tú te crees lo que te dijo el barquero? Yo me lo sigo creyendo.
Voto a brios. Si en algún momento el guerrero del antifaz te salvó del aburrimiento.
A sangre fría. El escepticismo realmente puede hacernos libres.
Quién pisa con suavidad va lejos. Y ya casi no veo donde están...
El pobrecito veedor. Sociología, política y más.
Cine más comics. Celuloide y rotulador se van de copas.
Fotos bonitas. Un buen espacio para vampirizar wallpapers.
Deprisa. Macroliteratura en microtextos.

Muchas gracias a todos y disculpas a los que no he escogido. Si queréis seguir la cadena genial, y si no lo hacéis también me parece estupendo. Un abrazo

martes, 30 de marzo de 2010

Tauromaquis

Imaginen que vinieran los selenitas y luego de arrasar nuestras orgullosas ciudades y nuestros babélicos rascacielos usaran nuestras defenestradas fisonomías como paradigma de arte y cultura. Imaginen que nos exhibieran en pelotas en polideportivos mientras ellos, menos corpulentos, equilibraban la balanza confrontacional con un tridente puntiagudo y un aparato de calambres, por ejemplo. Supongan que después de electrocutarnos durante sempiternos minutos nos clavaran el tridente en la garganta ante el fragor jaleante de la chusma hambrienta de leucocitos terrestres. Visualicen a continuación al regatea-humanos como héroe absoluto de todos los alienígenas mientras el hombre chamuscado y ensartado por el salvaje tenedor no pudiera hacer otra cosa que agradecer el fin de su agonía para evitar que le cortasen las orejas y el rabo estando todavía con vida. Remonten sus recuerdos colaterales hasta llegar al corral donde encabronaron al hombre fostiándolo con primor hasta trastornar su juicio y volver su mirada apacible en rabia incontrolable. Piensen en sus falsas expectativas cuando los malvados selenitas le dejaran tirarse a toda mujer de buen ver sólo para seguir criando hombres que dieran bien en el ruedo. Y todo ello adornado con las nobles intenciones de lucha justa, tradición milenaria y manifestación cultural de arraigo.
El toreo es una salvajada. Mueve dinero, masas e incultura. ¿Qué bien produce a la humanidad que un subnormal vestido de “Supermontera” marcando paquete acribille a espadazos a un cuadrúpedo inocente y feliz? ¿Qué nos aporta miles de burros aplaudiendo la barbarie como si fuera algo sublime cuando destapa toda la vergüenza humana? ¿Quién cojones tiene la autoridad moral para determinar que semejante tropelía, desviada y sádica, es arte? ¿Cómo puede haber tanto demente que pague por esto?
Evidentemente todo es relativo y hay cosas parecidas o peores. Ensartar a los enemigos de la lengua hasta que se ahogan o desangran es un poquito más enfermizo, y desde luego hay muchos cuadros mal colgados en la pared de la humanidad, pero que se degollen tocinos o secuestren huevos de pollo sin contar con mamá gallina no exime lo otro. Muchas cosas están mal, pero eso no quiere decir que practicar toreo esté bien. Todo lo contrario, en una sociedad presuntamente civilizada que ya no incrusta los sesos de los criminales bajo el frío hierro del garrote vil ni arranca las uñas para hacer confesar a los sospechosos, parece imposible que “Potito de la Minga” y “Friki de la Chicuelina” sigan masacrando y recibiendo aplausos y dinero por ello. Los héroes deberían ser otros y hacer cosas de otra naturaleza. ¿Tal vez pegarse tres meses en una casa televisada, dar puntapiés a un balón o divorciarse del actor que tuvo un affair con la ex del sobrino de la peluquera de una tonadillera?

jueves, 25 de marzo de 2010

El club de la mentira (4º sesión y última)

MERCHE: - Hoy somos uno menos.
WENCES: - No jodas. ¿Otra vez?
CUSTO: - Míralo tú mismo. Además de Fran hemos perdido a Matthews.
DANI: - Calma. Igual se ha retrasado.
BALTA: - Eso, yo quiero que venga y que escuche mi historia.
MERCHE: - Pues me temo que no vendrá. Me ha llegado esta carta suya al trabajo.
BALTA: - ¿Y qué dice, qué dice?
MERCHE: - Pues muchas cosas. ¿La leo?
WENCES: - No. Mejor al final. No quiero que su contenido influya en los testimonios de hoy. ¿Os parece?
CUSTO: - Bueno, yo prefería la carta primero, pero si tú lo dices.
WENCES: - Sí, yo lo digo. Fran, ¿nos cuentas algo de ti?
BALTA: - Claro. Soy un falso pederasta.
DANI: - ¿Que te acuestas con presuntos niños pero que son mayores de edad?
BALTA: - En realidad no me acuesto. Voy a Colombia, India, Brasil y Camboya a hacer turismo sexual con mis amigotes. Pero no tengo relaciones con nadie, ni menores ni adultos.
MERCHE: - Entonces… ¿finges que haces turismo sexual y no haces nada?
CUSTO: - ¿Y no sería mejor que no fueras directamente?
BALTA: - Es que aprovecho el viaje para ayudarles. Les compro ropas, medicamentos y les doy dinero a cambio de nada. La gente cree que lo hago a cambio de cohabitar pero no es así. Es mi tapadera.
DANI: - “Cohabitar”. Qué bien suena.
WENCES: - No te lo crees ni tú, Baltasar, rey mago.
BALTA: - ¿Cómo dices, Wenceslao?
WENCES: - Nadie finge ser pederasta si no lo es. O realmente eres un pedófilo o no has hecho turismo sexual en tu vida. De un modo u otro nos estás mintiendo. Nosotros podremos jugar a que somos psicólogos, pobres, heteros o profesores, pero nunca se miente para ir a peor, y muchos menos para algo tan bajo como abusar de menores, Richi.
BALTA: - ¿Cómo has dicho?
WENCES: - Richi. Eres Richi, el novio de Fran. Baltasar es tu verdadera mentira.
BALTA: - Así es, Wenceslao. Me has descubierto.
MERCHE: - ¿Eres el exnovio gay de Fran? ¡Ay, Dios mío!
BALTA: (SACANDO UN 38 DE LA CHAQUETA) – Sí, lo soy, hijosdeputa, sarnosos, enfermos. Putos sectarios del infierno.
CUSTO: - ¿Pero qué haces, Balta, no ves que eso es peligroso?
BALTA: - Calla, puto ricacho acojonado. No tienes cojones para explotar al obrero y luego salir a la calle. Cobarde, fariseo.
WENCES: - Aquí todos somos fariseos, Richi, y tú el primero.
BALTA: (DISPARANDO CINCO TIROS SOBRE EL PECHO DE WENCES) – Toma, hijoputa tuercementes. Tú tienes la culpa de todo, escoria, deshecho fallido, psiquiatra de pacotilla. Trabajas en un gabinete psicológico y nunca acabaste la carrera, bastardo inmundo. Tu trabajo entero, tus terapias de mierda, tus consejos a gente hundida son todos falsos. Y por eso montaste esto, para reunirte con otros perdedores como tú para aliviar tu fingida existencia, tu vida de cartón-piedra, tus negligencias e incapacidades. Wenceslao Mora San Martín, no eres un psiquiatra. No eres nada. Sólo seis agujeros humeantes y la única verdad son los borbotones de sangre que salen por ellos asqueados de llenar tus venas de inmundicia. ¡Rediós que bien me ha sentado matarte!
DANI: - Por favor, por favor, déjanos. No hemos hecho nada.
BALTA: (RECARGANDO LA PISTOLA) – Vaya, vaya. Toda la culpa es pues de Merche, ¿no, Dani? ¡Puto vegetariano cárnico, que vas de lechuguino y en el fondo te va el filete más que el botox a las marujas ricachonas!
DANI: - No me hagas nada, por favor. Fue Wences, Wences lo hizo todo. Él creó toda esta farsa. Los demás estábamos desesperados.
BALTA: - ¿Desesperados, hijosdeputa? Desesperado yo cuando Fran empezó a rechazarme, cuando comenzó a evitar mis labios, cuando no más hacía el amor conmigo, por vuestra puta culpa, cabrones de mierda, manipuladores, jodefamilias.
CUSTO: - Fue él quién decidió que ya no le gustaba el armario del que había salido. Le ayudamos a ser libre. Él ya no te quería, Rich…
BALTA: (DISPARA SEIS VECES EN LA CARA DE CUSTO) – ¿Pero alguien te ha dicho que hables, puto millonario gilipollas? Que pa’rato estarías aquí haciendo el gilipollas con estos muertos de hambre si no tuvieras la cuenta a reventar, falso hipócrita de mierda, puto friki de los dólares.
MERCHE: - Dios mío, que se lo ha cargao también.
BALTA: (VUELVE A RECARGAR EL ARMA) – Mira que sois estúpidos que por dos veces he rellenado el cargador. Si me hubierais parado la primera vez, Custo aún tendría cara de tontoelculo en lugar de cara de cromo, y si hubierais tenido unos mínimos huevos no habría tenido tiempo de volver a cargar ahora. Cuando os mate lo haré porque os lo merecéis, pero también porque ensayáis para subnormales. ¡Puta cajera del Carrefour! Te voy a disparar en la tripa. ¿O te mato a ti, vegetariano que comes hamburguesas? ¿Qué hago? Dímelo, Dani, ¿te mato a ti o mato a la presunta abogada que tiene que aparentar delante de sus amigas?
DANI: (LLORANDO) – ¡Mátala a ella, mátala a ella! Quiero vivir. No me mates, por favor. (SE BAJA EL PANTALÓN HASTA LAS RODILLAS Y SE PONE EN POMPA) Hazme el amor. Yo también soy gay. Pétame el culo, fóllame, hazme tuyo, Richi.
BALTA: (DISPARA CUATRO VECES SOBRE LA COLUMNA VERTEBRAL DE DANI) – Follado.
MERCHE: (SE CALMA DE REPENTE). - Cuando quieras.
BALTA: - Ya lo has asumido.
MERCHE: - Dicen que hay un momento en que uno sabe cuándo va a morir y es mejor aceptarlo.
BALTA: - Así es, zorra.
MERCHE: - No, Balta, o Richi. No he hecho daño a nadie. Mi único pecado fue fingir que trabajaba en un prestigioso bufete cuando en realidad nunca acabé derecho. Mi historia no era muy diferente a la de Wences, aunque yo nunca manipulé a nadie. El único mal que podía hacer era aparentar ante las estúpidas de mis amigas que tenía un título como ellas y un trabajo cualificado. No tengo nada que ver con que Fran se volviera hetero. Y ellos tampoco. Si Fran te repudió sería que nunca tuvo muy claro que fuera homosexual. O tal vez tú cambiaste y dejaste de ser el hombre cariñoso y atento que él necesitaba. Supongo que Fran lleva varios días muerto, ¿no?
BALTA: - Así, es. El último día que vino aquí le seguí y luego le pedí explicaciones. Después lo violé a punta de pistola y lo maté por la espalda cuando todavía estaba dentro de él. A la semana siguiente me presenté aquí para consumar mi despecho. Antes de asesinaros quería conoceros, entenderos, pero no lo he conseguido. No comprendo que os ocultéis bajo vuestra inseguridad y cobardía en parapetos de apariencia y armonía social. Os merecíais esto.
MERCHE: - Me das asco.
BALTA: - A Fran también y eso que lo trataba a cuerpo de rey. Por eso hoy moriréis los que le ayudasteis a dejarme.
MERCHE: - Cuando quieras.
BALTA: - Cuando yo quiera, puta asquerosa. Por gente como tú Fran me dejó. Tenía que matarlo. Nunca me ha dejado nadie.
MERCHE: - ¿Entonces era eso? ¿Puto orgullo mariconil?
BALTA: (GOLPEÁNDO CON LA CULATA LA NARIZ DE MERCHE) – Calla, zorrón verbenero. Si no te he matado aún es porque quiero unir todas las piezas. Léeme la carta de Matthews.
MERCHE: (ABALANZÁNDOSE SOBRE BALTA) – No, maldito, no. (RECIBIENDO SEIS DISPAROS EN EL TRONCO) Hijoputa, cabrón, te deseo que vivas para siempre en una agonía contin…
BALTA: - Vaya, y yo que quería oír esa despedida epistolar. Es curioso, a ti que eres la más débil te he metido en el pecho todo el tambor. Me siento de puta madre. En cuanto me cargue a Matthews me pienso tomar una botella de champán francés que guardo en la nevera.

LA PUERTA SE ABRE DE UN PORTAZO Y APARECEN LOS GEOS GRITANDO A BALTA QUE SUELTE EL ARMA. ÉSTE SE PONE NERVIOSO Y COMIENZA A CARGAR LA PISTOLA CON HISTERIA. DESPUÉS DE VARIOS AVISOS OMISOS BALTA APUNTA A LOS AGENTES Y RECIBE 34 DISPAROS EN EL CUERPO. EL HUMO SE ESCONDE EN EL SILENCIO. UNO DE LOS GEOS COGE LA CARTA DE MATTHEWS DE LAS MANOS DE MERCHE Y LA LEE EN SILENCIO.

“Estimados compañeros del club,

Os escribo la siguiente misiva para indicaros que lo dejo. Vuestra ayuda me ha proporcionado la confianza que necesitaba para salir de mi problema. Llevo veinticinco clases prácticas en una academia con un colega de toda la vida. Le he contado el problema y se ha prestado a ayudarme. Me siento otra vez seguro y capaz de conducir el vehículo hasta el punto de quedada. No lo hubiera conseguido sin vosotros. Gracias otra vez. Conociéndoos me he dado cuenta que no se puede huir siempre de los miedos, ni tampoco ocultarlos en burdas excusas. He visto en algunos de vosotros una clara intención de mejorar, de salir de esto, de dejar de engañaros. Sé que lo conseguiréis.
Sin embargo, he notado que alguien, ya sabéis quién, tiene tanto miedo a la verdad que ha decidido instalarse en el club para siempre, y que cada valiente paso hacia la realidad que damos los demás no es para él sino una puñalada en sus temerosos esquemas. Sí, estoy hablando de Wences. Tienes miedo. Miedo a estar solo, a que todos superen sus temores y te abandonen en tu cobardía. Porque tú sabes que no quieres cambiar, que nunca has sido psiquiatra y que nunca lo serás; que no admites tus limitaciones y que eres incapaz de volver a matricularte en la universidad para que tus mentiras y tus sueños sean uno. Por eso fundaste el club. Nunca quisiste ayudarnos, tan sólo tener perdedores a tu alrededor, pacientes para tus terapias sin titulación, inmaduros como tú que no quieren mirar la vida de frente.
A los demás, mucha suerte. Yo he dado el salto gracias a vosotros. El club es un buen sitio, pero únicamente si se usa de precario trampolín. Acurrucarse a su amparo es morir poco a poco, desangrarse dulcemente sin dolor y sin gloria, sentir La Parca balancear nuestra barca mientras le guiña la cuenca del ojo a Caronte, a la vez que Wences sonríe al otro lado del río pensando “otro que ha fracasado como yo”.
Olvidaros del club, tomar impulso y saltad hacia la verdad, porque vale más una derrota gloriosa que una victoria deshonrosa. Porque al otro lado se respira más limpio y las tripas no te reconcomen el alma. Porque si os quedáis allí moriréis. Quizá no violentamente, pero de vergüenza y tedio. Marchad prestos, huid de vuestro miedo, abrazad la honestidad. Mucha suerte, amigos.

Matthews”

domingo, 21 de marzo de 2010

El club de la mentira (3º sesión)

CUSTO: - ¿Hoy tampoco viene Fran?
MERCHE: - ¿Tú lo has visto? Pues yo tampoco.
BALTA: - Creo que no va a venir más.
MATTHEWS: - ¿Por?
BALTA: - Porque ha hecho las paces con Richi.
WENCES: - No puede ser, Balta.
MATTHEWS: - ¿Por qué no puede haber sido como dice Balta, Wences?
WENCES: - Porque Fran no es de los que reculan.
DANI: - Tal vez cambió de opinión.
CUSTO: - O de postura, ja, ja. Ahora se pone él delante.
BALTA: - A mí evidentemente me da igual. Creo que Fran ya no desea sexualmente a Richi pero lo quiere sentimentalmente. No sé si se me entiende.
MATTHEWS: - Perfectamente, Baltasar.
CUSTO: - Chicos, hoy me he vuelto a poner el esmoquin.
MERCHE: - Vaya, Custo, felicidades.
WENCES: - ¿Estás seguro de ese paso, Custodio?
MATTHEWS: - Perdonad, estoy perdido.
BALTA: - Y yo más todavía.
CUSTO: - Habréis observado que mis ropas y mi apariencia son bastante precarias.
BALTA: - Bueno…
CUSTO: - Parezco un vagabundo, pero estoy podrido hasta asquear.
MATTHEWS: - ¿Esa es tu mentira?
CUSTO: - Pues sí. Odio ir de rico. Aborrezco aparentar, presumir, sacar el ferrari. Me da asco todo eso.
MATTHEWS: - Pero el dinero no es un problema, ¿o sí?
CUSTO: - El dinero no me molesta. Es mejor ser rico que pobre. Lo que me desagrada es la pompa y la apariencia.
BALTA: - ¿Que tan rico eres?
CUSTO: - Bueno, un poco.
MERCHE: - ¿Un poco? Custodio Sánchez Venero es propietario de una cadena de supermercados, seis bares de copas en Madrid, dos firmas de ropa bastante conocidas y accionario principal del canal 8 de televisión.
MATTHEWS: - Joder.
CUSTO: - Bueno, se hace lo que se puede. Sin embargo, no quiero ir por ahí fardando. Odio a los fantasmas. Me gusta la austeridad, aunque admito que un poco me paso. Llevo dos años con la misma ropa, la chaqueta de pana agujereada o el jersey de lana con pelotas. Eso sí, siempre llevo la ropa limpia. Gastada, pero aseada. La ducha diaria no me la quita nadie.
DANI: - De modo que Custo va de vagabundo sin serlo.
CUSTO: - A veces me he planteado irme a vivir a la calle, pero no perdono la ducha ni el jabón. Además, es muy duro pasar frío o que me pase como el año pasado, cuando un puñao de criajos la emprendieron a patadas conmigo.
BALTA: - ¿Qué hiciste?
CUSTO: - Tenía un as en la manga. Les di entradas para la discoteca HIGHER. Es mía.
WENCES: - Joder, esa discoteca vale 24 euros la entrada. Mis hijas están cardiacas por ir. No sabía que era tuya.
CUSTO: - ¿Quieres entradas?
WENCES: - Deja. A meterse mierda que vayan al parque.
MERCHE: - ¿Y qué tal cuando te has puesto el traje?
CUSTO: - Pues un poco raro, pero había reunión con los alemanes y no podía esquivarla. El tema era serio.
MATTHEWS: - ¿Tus amigos saben que eres millonario?
CUSTO: - Muy pocos. La mayoría piensan que soy un muerto de hambre. Salgo de la mansión por la puerta del servicio y todos mis empleados tienen orden de tratarme de tú, especialmente en el exterior. De hecho algunos creen de veras que soy del servicio. El otro día la jefa de cocineros me echó una buena bronca.
WENCES: - Despedirías a esa zorra…
CUSTO: - ¡Qué va! Precisamente es lo que quiero, que la gente me valore por lo que soy, no por lo que tengo. Me encantó su agresividad, su sincera antipatía. Prefiero eso a que me besen el culo y pongan la alfombra allá por donde camino. Al terminar el turno le pedí una cita a la jefa de cocina.
MERCHE: - ¿Qué te contestó?
CUSTO: - Esto: “¿Salir contigo, cerdo baboso? ¿En qué mundo podría un andrajoso como tú menos que arrodillarte por donde yo pasara? ¿Pero te has visto bien, piltrafa, pordiosero, que debes estar aquí porque al señor le gusta la caridad? ¡Pero qué asco me das, aparta, aparta y no te atrevas jamás a pasar por el mismo pasillo por el que yo asome a lo lejos, muerto de hambre, salido, vago, indigente!
Te repudio, me produces tanta repulsión que voy a vomitar. Ponte a llorar con la cara en el suelo o me encargo de que te echen a la puta calle, escoria humana, proyecto de ni-ni, denigrador de heces, cosa informe y horrenda. ¡Fuera de aquí!”
DANI: - ¡Qué fuerte, grabaste la bronca y la llevas encima!
CUSTO: - Sí, con el móvil. Me encanta.
BALTA: - ¿Y no será que te gusta que te humillen? Lo tuyo no es muy normal.
CUSTO: - No, Baltasar. Lo que no me gusta es que me mientan o adulen por estar podrido, que lo estoy. Quiero ser lo que soy y ganarme a la gente por mi manera de ser, y no por mi dinero.
WENCES: - Pues entonces morirás de asco, si esperas que la gente valore al hombre y no al millonario, como hizo tu cocinera.
CUSTO: - Jefa de cocina. Le pago 3000 euros mensuales. Se lo tiene un poco creído. Cuando me siento deprimido me pongo el video del móvil y me siento enchufado otra vez con semejante chute de sinceridad.
MERCHE: - Jolín, de sinceridad y de mala leche.
BALTA: - Estáis todos un poco pa’llá.
WENCES: - Es lo que hay.