jueves, 31 de diciembre de 2009

Frases típicas

Coletillas, sentencias y rellenasilencios nos inundan la cotidianeidad y nos emborrachan de tópicos dispares. Lo mismo valen para un descosido que para un remiendo. Sin ellas seríamos presa fácil del no saber qué decir y a los que eso nos incomoda nos viene muy bien recurrir a ellas. Que empiece el show:

1- Es lo que hay. Mi preferida. Aglutina todos los estadios de resignación humana y consolación fraterna. Similar a “hay que joderse” o “vienen mal dadas” pero con más impacto.

2- Es que es eso. Coletilla de aseveración. No hay modo más directo y diáfano de mostrar conformidad y reconocerle al otro que ha dado en el clavo.

3- Dónde va a parar. Para comparaciones sin color siempre está bien traída.

4- Vuelta y vuelta. Referido a las vacaciones en la playa a indigestarse de cáncer de piel gratis (el del tabaco es pagando). Por cierto, ¿sabían que los negros no toman el sol?

5- Dos. La parejita. Otro topicazo existencial. La vida podría resumirse en estos objetivos: teta, juguete, TV, play, vacaciones, ordenador, amigos, alcohol, moto, novio, picadero, coche, trabajo, piso, boda, hijos, ascenso, casa de playa, jubilación, nietos, no residencia.

6- Si no te mueves no te hará nada. Básicamente referido a abejas y avispas. Mi respuesta es “los cojones”. Como si estos bichejos detectaran cuando haces algo a mala idea o sin querer. Lo mejor es tener cerca a alguien de sangre dulce. Te salva el culo.

7- Lo que viene siendo / a ser. Odiosa coletilla ganatiempo de gente sin dominio de la lengua o un fino sentido del humor burlón. Si me oís decirla autorizo colleja represora (sin cebarse).

8- Estamos aviaos. “Bien jodidos”, quiere decir. Pues eso, que ajo y agua y que es lo que hay (véase nº1).

9- Parece que refresca. Impagable para ascensores y taxis. Como apenas uso el ascensor y mucho menos el transporte público solamente la empleo cuando la climatología es tórrida a modo de ironía.

10- Si no hace ná. También aplicable al nº 6, pero más adecuada al Gran Danés del vecino que se monta sobre ti cual caballo y te borra a lametazos. Y mientras el nota insiste en que su perrillo es inofensivo, tú te asfixias entre océanos de saliva o se te ve la calavera de tanto que te ha desgastado el rostro la lija del nueve del Scooby. Eso sí, no hay muerte más amorosa.

11- De ahí no pasa. La preferida de los abuelos cuando algo se cae. Es una sentencia seca, precisa e incontestable.

12- Se acabó. De Perogrullo. Suele decirse cuando más obvio es el final de algo.

13- Lo sabía. A buenas horas, mangas verdes. Nunca lo dices antes, majete. Claro que entonces serías un agorero o un gafe. Mejor te callas.

14- Si es que lo que no puede ser no puede ser. De manual. Además es imposible.

15- Lo estoy dejando. Para fumadores gorrones. Además sirve para decir no a cualquier ofrecimiento que no te llame.

16- No hay color. Intercambiable con nº 3. También te rellena un hueco conversacional sin sustancia.

17- Pues ya estamos aquí. Genial cuando vienes de algún sitio. De nuevo parece patrimonio de sexagenarios y especímenes afines.

18- La vamos a tener. Frase recurrente de macas, chulos y matones. Atemorizar sí lo hace, lo digo yo que en ocasiones especiales la suelto en segundo de ESO.

19- Llámalo X. No sé si se la inventó Fox Mulder, la profe de matemáticas o el gordo de Línea Directa, pero se ha ganado un sitio en el subconsciente banal colectivo.

20-............................................................................. (pista interactiva para el lector: añade la tuya)

lunes, 28 de diciembre de 2009

Pezones en la llanura

Soy un hedonista de la psique bajo los efectos de las sustancias y sus revelaciones oníricas y alucinatorias. Vivo en un mundo que trasciende las convenciones de éste.

Me he enamorado. No le he podido evitar. Caminaba deprisa por la calle y se ha cruzado una jaca guapísima. Las piernas le llegaban hasta las botas de brillantina y su culo golosete parecía esculpido en una pastelería artesana. Sus ojos escondían el infinito y sus labios sugerían los misterios del universo. Sin embargo, lo que de verdad me ha subyugado hasta las trancas ha sido su pecho de tabla. El escote ya sugería un anguloso hueso pectoral perdiéndose en la puntilla del sujetador blanco. Los pezones se revindicaban a través de la chaqueta rosa de punto. Según me acercaba he podido admirar su torso rectilíneo y plano como campo de fútbol. Pero me han entrado las dudas. No es posible que semejante pibón sea natural. Seguro que se ha operado las tetazas gordas y sebosas y se las ha vaciado hasta conseguir esa perfecta y lisa plenitud torácica. Realmente es muy poco atractivo ver a esas mozas que están bien pero cuyo encanto arruinan unos melones prominentes, turgentes y voluminosos. No comprendo por qué, pero a los hombres nos gustan los senos finísimos, sin que casi se aprecie que están ahí. Supongo que será una convención, pero yo estoy totalmente de acuerdo en que cualquier vaca lechera acomplejada por sus ubres se opere y vacíe tanta masa antiestética. Otros en cambio dicen que así no tiene mérito, pero si las mozas ganan en autoconfianza pues bienvenido sea el bisturí salvador. Además, para nosotros es mucho mejor contemplar extensas llanuras rodeando los pezones solitarios.

viernes, 25 de diciembre de 2009

En estas fechas tan entrañables

En estas fechas tan entrañables… ¿qué? Sea bueno, déle un turrón al pobre después de gastar 500 euros en banalidades y váyase a su casa a atiborrarse de langostinos, pavo y cava.
Es triste pero es así. La Navidad es la época del año en que menos reparamos en lo injustos que somos. Nuestros buenos deseos generalmente sólo alcanzan a aquellos que nos importan, les haga falta o no. Por otro lado, sería inviable plantearse unas navidades caritativas: hay tanta pobreza que ni nuestras saneadas tarjetas podrían solventar semejantes papeletas. Parece por tanto que es mejor llenarnos de un espíritu navideño de corto alcance que llegue para los sobrinos y para no decirle a la cuñada que se ha puesto hecha una foca. ¿A quién no le gusta sentirse generoso, regalar cuatro chuminadas y sentir cómo una fuerza superior mal entendida como generosidad o bondad le hincha el ego y lo recubre de épica?
No cabe ninguna duda que en el momento que se cuantificó el amor a los demás por la cantidad de euros que nos gastábamos en sus regalos los buenos sentimientos se pervirtieron, cubriéndose además de sospechosas intenciones. Esta bacanal le va que ni pintada a comercios y marcas, pero oculta lo que de verdad importa: el bienestar de las personas, la felicidad global de gentes, especies y razas más allá de sus posibilidades o insatisfacciones, el progreso de los pueblos y no de los países. Un montón de cosas que suenan a demagogia de tanto que las hemos manoseado sin darles soluciones. Con nuestra conmiseración no saldrán de su peliaguda situación. Escribiendo esto tampoco, pero al menos, que se sepa que pienso en ello, y no por aliviar mi atormentada conciencia. Simplemente pienso que la felicidad debería garantizarse de serie a los que no tienen medios para comprarla como nosotros.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Domesticar canciones

Una de las cosas más curiosas de nuestros preconceptos musicales es el hecho ciego de escuchar un disco una y otra vez y hasta la saciedad sólo porque lo ha lanzado nuestro artista favorito, o ese grupo que no nos va pero sabemos que es muy bueno y nos empecinamos en repetir sus pistas hasta que se rayan ellas o nosotros. Es muy raro que un tema nos guste a la primera. Necesitamos domesticarlo, hacerlo nuestro, imbuirnos de sus letras y convencernos de corazón de que nos gusta algo que la cabeza decidió que nos tenía que encantar. La repetición suele funcionar. Que se lo digan a los cantantes de los 40 Principales.
Otro aspecto a tener en mente es la facilidad con la que desglosamos los discos según la posición de las canciones, el nombre del LP y los singles. Un disco que se llama como el single y que además es el primer corte da muy pocas esperanzas. Lo mismo pasa si el título-single es una balada que cierra un disco. Todo lo demás parece metralla. En cambio parece atraernos que el single esté a mitad y que el título del disco sea una canción en medio: eso nos garantiza tres puntos de interés (las dos anteriores y la primera canción). La pista uno siempre trae buenos temas. Podrían hacerse miles de recopilatorios sólo con semejantes preliminares.
Luego hay otros tópicos que tienden a repetirse: la tercera canción suele ser balada y la penúltima acelerada. Los temas experimentales también suelen cerrar álbumes a menudo no muy brillantes. Y siempre nos mediatiza el hecho de que una multinacional decida coronar como single a una pieza y no a otra. Parece convencernos de su innegable calidad o cutrerío aunque nosotros pensáramos diferente de inicio. Por último, siempre he creído que una auténtica obra maestra no esconde su excelencia en el estribillo, sino en sus embelesadoras estrofas.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Un héroe de los de verdad

Képler Laveran Lima Ferreira “Pepe” es uno de los mejores futbolistas del mundo. Hace poco que se ha lesionado de gravedad y su equipo ya ha elevado su pérdida al nivel de tragedia deportiva. A su vez, los innumerables hinchas y aficionados al fútbol y al merengue como sabor balompédico han consolado hasta el infinito a un hombre que dice estar destrozado por la que le ha caído encima. Tal vez el cariño acorte sus larguísimos seis meses de pesadilla.
Ahora un héroe de verdad. Su nombre creo que es Francisco, aunque tal vez sea Fernando. Hoy casi me hace llorar, pero ése es un lujo que un profesor no se puede permitir en un salón con un centenar de alumnos de segundo de eso. Francisco ha venido a dar una charla de dos horitas sobre educación vial, y aunque por logística escolar sólo he estado en la segunda parte, he recibido ración y media de sufrimiento, coraje y superación. Nuestro hombre ha contado su experiencia: era piloto profesional y un accidente del que no tuvo la culpa le dejó en una silla de ruedas, y gracias que esquivó por poco la horrenda tetraplejia tras largos y complicadísimos bisturazos. Este catedrático de la vida manejaba su silla de ruedas con cierta soltura, y explicaba con fluidez; a veces excesivamente técnico, a veces imposiblemente humano. Todos estábamos patidifusos, los docentes serios, los chicos callados, comprendiendo muchas cosas en cada vídeo de impacto, en cada monstruosa faz de niña bien en el asiento del coche equivocado, en cada foto de lasaña de carne humana y chapa de mantequilla. Francisco ha confesado que se había derrumbado varias veces y que se había planteado dejar de impartir charlas de educación vial, pero que alguien tenía que hacerlo y que desde que rodaba por los centros la siniestralidad había disminuido drásticamente. Los alumnos, esos zoquetes insensibles y maleducados, callaban, atendían y comprendían como tocados por la mano de la desgracia vial. Mientras fluían las imágenes de bruscos accidentes me he puesto a pensar en los presentes. Alguno de los muchachos o profesores seguramente moriremos de accidente de tráfico; otros salvaremos la vida gracias a esta lección magistral.
Francisco ha hablado de que su silla de ruedas costaba seis mil euros, y ha afirmado poder hacer todo lo que hace un caminante. He vislumbrado en sus palabras tanto dolor como superación, y sobre todo una profunda gratitud al cielo por tener su montura de carbono y titanio y una parálisis parcial y no total. Casi me rompo ahí mismo desde la injusticia de mi comodidad.
Ha acabado la charla y me he acercado a saludarle. “Creo que les habéis enseñado más hoy que nosotros en cualquiera de nuestras clases”. No estaba quedando bien, era la verdad. “No sabes lo que te agradezco tus palabras, me ayudan a seguir con esto”. Olé tus huevos. Gracias por abrir mis entrecerrados ojos y los de mis adolescentes. Sé que se han coscado de muchas cosas. Posteriores indagaciones me han llevado a descubrir que Francisco sufrió su accidente hace poco más de un año, y mi tristeza y admiración se peleaban en una dicotomía imposible de rabia y orgullo.
No tengo nada contra Pepe, tan sólo es que se ha destrozado la vida en un mal día, quizá cuando he conocido a alguien a quién se la destrozaron de verdad y su desgracia, como la de Jesús de Nazaret, ha salvado a muchos jinetes montados en sus veloces caballos de metal.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Chim chim-in-ey, chim chim-in-ey, chim chim cher-ee

Son muchos los motivos, y ahora no van al caso, por los que de niño no me gustaba Mary Poppins, ni los repelentes niños, ni el destartalado de Bert, ni el ridículo padre banquero. Eso sí, la madre feminista tenía un punto morboso, aunque eso lo descubrí más tarde. El caso es que esta historia inmortal de la factoría de los sueños fue ganándome poco a poco, según apreciaba diferentes detalles de insignificancia y los cotejaba con mis subjetivas impresiones de la vida. Pronto me pareció que la película, como las obras maestras, se podía contemplar desde lugares muy diferentes, y percibir estratos vitales de distintiva profundidad, según los ojos del espectador.
La trama es más triste de lo que parece: Un ocupadísimo hombre de negocios descuida tanto a sus hijos que se vuelven tan bordes como pijos para gritar al mundo que quieren atención. Así que contratan a una bruja bajada del cielo a paraguazos para que resuelva el tema en plan supernanny. Como siempre, el problema educativo no estará en los vastaguillos de mala madre sino en sus irresponsables progenitores, demasiado ocupados en desahuciar morosos o manifestarse en contra del sujetador con aros oxidables. En ese sentido el filme es asombrosamente moderno y premonitorio.
Lo gracioso es que la niñera utiliza sus poderes sobrenaturales para camelarse a los chavales y luego les hace luz de gas aduciendo que lo que han presenciado es una broma de su imaginación. ¿Y si viéramos la situación como una fantasía de los nenes ante una pseudomadre diez que les presta atención, es equilibrada y pone límites, y todo el rollo de meterse en el cuadro y caminar por las nubes se lo montaban ellos en su psique? No sería muy diferente de Otra vuelta de tuerca, cambiando la inocencia de Pamela L. Travers por el terror de Henry James.
Pero eso parece excesivo. Creamos que Mary Poppins es un hada de verdad y hace magia. Desde luego es muy ventajista por su parte utilizar su poder para educar y boquiabiertar a los diablillos. Yo así también imparto, no te jode. Y el tema de que el padre acabe por darse cuenta de sus defectos y decida priorizar a su familia pasa en todas las comedias americanas, pero no ocurre nunca en la puta vida, porque además que no pueden descuidar su trabajo porque les botan, y más en tiempos de crisis, es que encima son ellos los que no quieren estar disponibles para aguantar a los plastas de sus hijos. Para eso pagan impuestos y academias de repaso.
Luego está Bert. A mí este hombre me da muchísima pena. Es un filósofo sin ningún tipo de estabilidad laboral. Un mal partido. No tiene nada que hacer con la bruja, a la que desde luego le gusta manejar (chelines). Decía que Bert es muy triste. Pinta cuadros por cuatro perras, limpia chimeneas a golpe de escobón, vende globos en la feria, toca veintisiete instrumentos ambulantes. Ni cotiza ni le retienen un duro. ¿Pero no ve que así no se va a ningún sitio? Muy bonito el arte, la felicidad y sonreír a todo quisque. Eres el último mono sentado en el último peldaño de la escalera social. No es de extrañar que Julie Andrews se buscara The sound of music / Sonrisas y lágrimas para pegar un buen braguetazo con los Von Trapp que iban con todo incluído: guita + hijos. Te quitas el currar y los embarazosos partos. Muy cuca, Mary. Sólo que la segunda guerra mundial cas le arruina el invento.
Pues eso, que cada vez me hace más gracia la historia esta, por sus estribillos facilones, por los paseos por los tejados del Londres post-industrial, por las muecas del deshollinador o por el delicado cinismo de la institutriz. Casi me estoy planteando irrumpir mañana en clase por la ventana con un miriñaque de colores y un paraguas que diga gilipolleces. Triunfo fijo.