domingo, 2 de agosto de 2009

No tengo tiempo

Una de las frases que más me divierten cuando hablas con alguien y le cuentas algo que haces, ya sea por ocio, obligación, curiosidad o vicio, es “yo es que no tengo tiempo”. A menudo lo acompañan de un “como se nota que te aburres” o de otro muy traído “ya verás cuando tengas hijos”, así como si te pusieran una pistola en la cabeza para obligarte a procrear o como si tu acertada gestión del tiempo libre implicara perderlo en chorradas en lugar de serias actividades. El personal tiene el tiempo que quiere y puede. A lo mejor mi manera de repartir mi ocio es escribir necedades en un blog y la tuya es dormir doce horas o salir por imperativo legal todos los fines de semana. En todo caso, ¿cómo sabes tú lo que hago o dejo de hacer cuando no me ves para decidir que me sobran horas? Lo que quiero decir con esto es que las personas importantes o que rodean su vida de un aura de responsabilidad y otras tareas adjuntas excusan su falta de iniciativa en otros campos infravalorando las trivialidades ajenas, como si sus propios desempeños fueran más cruciales y a la vez más inexcusables. En general, todos disponemos de poco tiempo libre real, y muchos renunciamos a ciertas diversiones menores para poder abusar de otras. En todo caso no deja de ser curioso que las voces que claman por su escasez de libertad son a menudo las que me parece que llevan una existencia más relajada. ¿O será que en casa no paran?

jueves, 30 de julio de 2009

Soy un malvado ladrón de chinos

Lo confieso. Cada vez que entro a un establecimiento de productos masivos al módico precio de 1, 2 ó 3 €, lo hago con la secreta intención de llevarme por lo bajini una colección de seis lápices marca Ovidio cuyas minas se rompen más que las piernas de Robben. No importa lo que sustraiga, o la calidad de mierda que tenga, lo único que deseo es robarles a los chinos del todo a cien un paquete de películas pseudoporno asiático de los años 70 o una flor con capullos que se encienden mientras suena una melodía infame.

He probado todo para no despertar sospechas. Voy duchado y borracho de colonia, con la cara más afeitada que el culito de un bebé barbilampiño, mis buenos días más convincentes y las manos muy lejos de cualquier cosa que no me interese. Nada. Por cada pasillo que avanzo, me toca la china. Me escudriña con desconfianza naciente. Y con un disimulo que sólo le falta silbar y que aparezca un yakuza tras las bolsas de basura o un ninja teletransportándose más allá de los bastoncillos de las orejas que te acaban triturando el tímpano con la punta de plástico.

Normalmente entro, pregunto la ubicación de lo que necesito, pago religiosamente y me voy. Pero hoy quería curiosear. ¿Alguna vez has dado una vuelta con una asiática? Ve a un todo a 1€ chino. Tendrás escolta. A los seis pasillos de sentirme observado como si ya me hubiera metido al bolso seis gomas de borrar y un par de bombillas de bajo consumo he decidido preguntar por lo que había venido a buscar. He procedido y me he ido. Tan ladrón como siempre. Intentando perpetrar mil crímenes a los ojos de este honorable pueblo que puede abrir sus negocios hasta las tantas en España por no sé que rollo de convenio de colaboración, que no se gastan un duro en productos ni empresas españolas, que te dan gato por liebre en sus restaurantes, y que se expanden mafiosamente por todo el mundo a basa de peluquerías sexuales, prostitución, masajes ilegales y extorsión. ¿Por qué no habré ido al Carrefour?

miércoles, 29 de julio de 2009

Athos (36-50)

36

El caldo me ha caído de perlas, y la tortilla de queso me ha asentado el estómago. Mamá dice que si mañana no se me ha pasado me llevará al médico. Si supiera lo que me ha sucedido. Soy divino. Tocado por Él. Escogido como un nuevo Mesías. Soy el hombre del destino. El elegido. Mi vida tiene por fin sentido. He encontrado lo que buscaba, soy un hombre pleno, aunque sólo tenga quince años. Tengo que contarle todo a tío Óscar y trascender este mundo. Él lo entenderá. Mamá no está preparada.


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No puedo pegar ojo. No dejo de pensar en lo de la puerta verde. He metido la llave y se ha abierto sin dificultad. Ya no oía el tic tac del último reloj. Está claro que era el momento crítico, místico o pandémico. Abro la pesada puerta verde hasta el final. La habitación tiene un sofá viejo a un lado, suelo de parquet quemado por colillas, un viejo gramófono, cuadros apilados en una pared, una carretilla y cientos de libros sobre una mesa enorme de madera. Al frente he visto una escalera de obra que sube al piso superior. Sólo que aquí no hay más plantas. Un sonido místico ha inundado la estancia. Una luz azulada provenía de las escaleras, y una extraña neblina caía ligera sobre los peldaños. He intentado huir, presa del pánico, pero la puerta turquesa estaba cerrada tras de mí. ¿Cómo era posible? Estaba aterrorizado. Entonces he oído SU voz. Era una voz grave, profunda, tranquilizadora, celestial. Ha dicho mi nombre. Eso me ha calmado mucho. Fuera quién fuera me conocía. No es lo mismo que te acuchille un yonqui a que lo haga un compañero de escuela que te conoce y sabe las cosas buenas que has hecho en la vida, quiero decir. Le he preguntado quién era y me ha respondido que yo ya lo sabía. Antes de que pudiera hacer algo más me ha dicho que Athos no era un nombre de verdad, y que seguro que escondía algo. He respondido con cierta chulería que nunca he revelado su origen. De repente la voz se ha puesto a gritar desaforadamente. Yo estaba aterrorizado, pero no podía irme. Parecía el apocalipsis. El corazón me iba a mil por hora y me he meado encima. Luego ha dejado de chillar. La luz se hacía más intensa y la niebla más densa. Creo que iba a bajar. Me he puesto de rodillas y le he pedido que no me matase. Que quería seguir vivo. Y entonces las tripas me han fallado. Me he cagado me miedo. Él me ha calmado diciendo que no quería mi vida aún, que debía trascender la llama y comprender los enigmas divinos, el misterio de la vida, lo que hay después de la muerte, la creación del universo, los milagros y la telequinesia, los ovnis y el dilema del alma, la reencarnación y muchas cosas más. Mi temor se ha transformado en inquietud existencial. ¿Por qué era yo el elegido del Hacedor? Él me ha dicho que yo era un ser de corazón puro, y que debía prepararme para La Revelación. Entonces un libro minúsculo ha caido por las escaleras del cielo mientras la voz me ordenaba seguir sus pláticas para iniciarme. El sonido místico se ha extinguido, la niebla se ha disipado, la luz ha muerto y la voz ha dejado de escucharse. Se ha ido, y yo me he quedado ahí, meado, cagado y solo, oliendo que apesto y con un librito viejo escrito a pluma; pero eso sí, con el alma limpia y pura, y encajando mi nuevo rol dentro de la historia de la humanidad. He salido del portal místico y he cerrado con la llave, pero luego me la he quedado. Debo salvaguardar el portal como si fuera San Pedro. Y me he marchado sin saber qué nobles intenciones guarda Él para mí. Tampoco sé qué excusa le voy a poner a Silvia por haberme ido así sin dejar una nota o algo. Pero eso es secundario.


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Puto libro de los cojones. No está escrito en español, ni en inglés, ni latín. Tampoco es griego. ¿Qué coño dirá? ¿Cómo puedo seguir la palabra de Dios si escribe tan mal? Tal vez sea como la Torre de Babel, lenguas ininteligibles y todo eso. ¿Me estará diciendo algo el Todopoderoso? Espera, aquí veo algo en la última página. Parece lápiz o algo así. Tinta no es. ¡Y pone mi nombre! Y mucho más…


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0, 49

Sé que no debería, pero me siento el heraldo del destino, la encrucijada de los mundos, el último abanderado. Antes no sabía cuál era mi lugar en el universo, ahora me reconozco como punto geodésico de pequeñas personas que me importan como si en sí fueran razas o planetas enteros. Silvia me quiere a rabiar y todos están pendientes de mis movimientos como si fueran las piezas de un ajedrez gigante y yo el gran maestro.

A veces para crecer hay que afrontar retos más grandes. Ahora comprendo que mis miedos se debían a la falta de gravedad. Mi adversario hoy es infinito y por ello también yo me he hecho inmenso. No importa cómo, mi con qué pretexto, pero acabaré abriendo esa enigmática puerta turquesa. Necesito ciertas respuestas, y todas se aglutinan tras esas láminas de roble mal pintadas. Si la vida es una pieza teatral, allí se encuentra el backstage, el manual de instrucciones, el otro lado del túnel, el umbral entre lo divino y lo humano, entre lo tangible y lo mítico. ¿Estaré mentalmente preparado para afrontar todas las revelaciones de sopetón? ¿Deberé confiarselas a Silvia y hacerla también la elegida? ¿O sólo yo soy digno de la sabiduría eterna? La energía fluye por mis venas. Siento como mi intensidad crece por momentos. Pronto estaré preparado para desentrañar los dilemas cósmicos. Aunque tal vez el mundo no esté preparado para comprenderlos. Bah, eso es algo que ya dirimiré más tarde. De momento lo único que importa es atravesar la puerta turquesa y echar un vistazo a los borradores de Dios.


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¿Y ese ruido? Son ellos. Han vuelto a encontrarme. ¡Soltadme! ¡Cabrones. ¡Josdeputa! ¡Soltadme! No me pasa nada. ¡Satanás! El mundo me necesita. Malnacidos. Pavos. Él me ha llamado. Tengo que liberar al mundo. Debo trascender la llama. ¡Quitadme esto, insignificantes! ¡Me pellizca el brazo la correa! Buahh, buahh, soltadme, sob, sob. Yo no estoy loco. Soltadmeeeheeh, sob, buah.

sábado, 25 de julio de 2009

Qué bien vivís los profesores

Para hablar de algo hay que conocer. Si no, uno corre el riesgo de meter la pata hasta la cadera y no poder sacarla después. La gente que dice “qué bien vives” ni ha estado en su jodida existencia en un aula, ni sabe qué es “Educación para la ciudadanía” ni sus contenidos, ni comprende por qué un 30% de los profesores de secundaria tienen depresiones. Sólo ven las vacaciones, el sueldo y el horario. Por eso voy a desmontar ciertos tópicos sobre las insignes prebendas de tan ilustre profesión. Y lo haré desde la experiencia de estar dentro y haber estado mucho tiempo fuera, conduciendo el toro, blandiendo la llave inglesa, moviendo cajas o envolviendo recuerdos.

1- Los maestros y profesores tenéis tres meses de vacaciones o más. Pues no. Para el que no lo sepa (casi todos), ni empezamos el 15 de septiembre ni acabamos el 22 de junio. Ambos meses los trabajamos completitos, a no ser que nos contraten a partir del 10, que evidentemente cobraríamos a partir de entonces. Por cierto, mientras somos interinos el verano tiene, los años pares o los impares, según el cuerpo docente, quince días menos, porque el resto del tiempo estamos opositando o estudiando para el examen. Cierto es que el resto de festivos son más amplios que para la mayoría, pero conozco mucha gente que ni trabaja en Navidad ni en SS. Hay profesiones con más vacaciones que nosotros.

2- Cobráis un pastón. Yo lo flipo aquí. Hombre, no negaré que el sueldo está bien. Ah, que queréis cifras. Vamos allá. Un profesor de secundaria o EOI puede cobrar 1800 netos así a ojo, sin trienios ni complementos directivos, y un maestro unos 1500. Esto es muy variable y yo este año nunca he cobrado la primera cifra ni de coña, pero también es cierto que me han devuelto de Hacienda. Luego pregunto por ahí y resulta que la peña está cobrando 1200, 1500… los que lo quieren decir. Los que no lo dicen no creo que sea por nómina baja. También hay mileuristas y ochocientoseuristas (yo antes era uno), pero también los hay que trabajan a comisión, que cobran dietas, médicos, altos directivos, ingenieros de caminos, deportistas de élite, políticos, frikis televisivos, inspectores, empresarios, oficiales. Gente con mucha guita. Mucha más que un profesor. Por cierto, cualquier cuerpo público de tipo A o B cobra más que nosotros, de hecho cobramos menos porque tenemos más vacaciones.

3- La jornada es de seis horas y no estáis todo el tiempo con críos. Vamos a ver. Un maestro tiene una semana laboral de 35 horas y un profesor de 30. Luego están los claustros, evaluaciones, preparación de clases, corrección de exámenes computadas en el horario para completar la jornada. Cuando yo estaba en el almacén hacía ocho horas y a casa. Ahora hago seis de instituto, dos de viaje, y tres más de preparar clases, hacer exámenes o corregirlos (este curso he corregido unas 2208 páginas de exámenes largos de cojones). Algunos días me he levantado a las seis y he llegado a casa a las diez de la noche, o sea que no me vengas con que trabajamos muy poco.

4- Es un trabajo cómodo. Ja, ja, ja. Yo siempre digo que una hora con alumnos vale como dos de cualquier otra cosa. No hay nada más estresante que trabajar con niños. Bueno, sí. Trabajar con adolescentes. El ritmo de primaria e infantil es agotador, y hay que valer para eso y tener mucha más vocación que para cualquier otra ocupación a excepción de cirujanos y cuidadoras. Secundaria es más llevable, pero los ratos malos son mil veces peores. Y eso que no me puedo quejar. Este año sólo me han llamado gilipollas y tonto. Ni me han escupido ni intentado agredir, a mi coche no le han puesto chicle ni le han echado pegamento a la cerradura de la clase, anécdotas de otros años. Respecto a si me gusta más esto que lo que hacía antes… pues a veces no. A veces quiero poner ladrillos y olvidarme de todo.

5- Pues chico, no será tan difícil. Mucho más de lo que crees. Todo español tiene un entrenador y un maestro dentro. Todos saben cómo hay que hacer las cosas, especialmente los padres, que consienten a los nenes y cuestionan a los docentes, con una mezcla de escepticismo, desprecio y envidia supina por eso de las vacaciones. Si tu hijo no te hace caso, ¿cómo esperas que me lo haga a mí? Si le sacas la cara, justificas las ausencias al centro, protestas los suspensos, ¿cómo no te va a maltratar cuando le dé la gana? Pero tú sigue dudando de mi aptitud y enmascarando tus graves deficiencias educativas.

6- Vale, pero trabajo fijo. Trabajo fijo los huevos. Cuando hayas opositado unas cuantas veces cada dos años, y además de aprobar un examen durísimo tengas una nota tan alta que te dé una plaza fija, entonces hablamos. La penúltima vez el señor Drywater necesitaba un 11 para sacar plaza, porque por ausencia de méritos no llegaba al mínimo requerido. Por cierto, este funcionariado no tiene nada que ver con los otros, que también he visto alguno por dentro (y eso sí que es vivir de puta madre).

7- Bien, pues cuando la saques a vivir del cuento. Cuando la saques, y hayas estado tres o diez años trabajando a 100 km de tu casa, entonces te mandarán a 300 km a vivir del cuento de al lado, porque el tuyo te quedará un poco lejano.

No negaré que más que un trabajo, es una vocación con inversión de futuro. Dar clase a 90 km todos los días lectivos no compensa. Aguantar mil barbaridades de veinte niños rebotados con el mundo que lo último que les interesa es el verbo TO BE tampoco. Ni tan siquiera defenderse de las injustas críticas de unos padres que como mucho se erigirán en jueces de la causa hijo-profesor, normalmente para darle la razón a un mocoso de trece años que fuma porros en el baño y se mata a pajas en su cuarto con el flamante ordenador que papá compró para que estudiara. Ni salir de una clase crítica con ganas de llorar, gritar, agredir, romperse o hacerse el hara-kiri en televisión y encontrarse que por los pasillos impera la ley del silencio, donde a cada docente le ha ido tan mal como a ti pero nadie lo dice porque está mal visto admitir que no puedes con un grupo, que no apelas a tu autoridad porque sabes que no la tienes y que el resto del día y su noche vas a estar muy rayado. Mucho. Mucho más que con una bronca del jefe o después de cuatro horas extras. Estudiar a saco para sacar una plaza de funcionario tipo A o B matándote la vida y quemándote las pestañas tampoco paga, sobre todo cuando luego sacas un 7 y te quedas como estabas: Interino y mal colocado. Llegar nuevo a un instituto y aceptar que como siempre te han dejado toda la furrufalla (primer ciclo, grupos conflictivos, horario infame) tampoco es plato de gusto, máxime cuando ves a las vacas sagradas trabajando la mitad que tú y aparentando esforzarse, y cobrando mucho más por antiguedad y otros complementos. Ni hacer muchos exámenes para que tus alumnos tengan muchas oportunidades (pues tú sabes lo que es jugarse el futuro a un único examen bianual) que por supuesto vas a corregir en tus horas libres y en tus flamantes vacaciones. Yo este curso he vivido bastante peor que en mis trabajos sin cualificación, sumando clases, cursos de formación pagados por mi fastuosa nómina, corrigiendo mucho, preparando clases, intentando hacer las cosas bien. Porque aquí, mucho más que en cualquier sitio, se pueden hacer las cosas mal o muy bien. Puedes meter mil horas o ninguna fuera del centro.
Pero cuando tenga mi plaza fija a diez minutos de mi casa, cuando las tripas ya no se me revuelvan cada vez que entro a un aula porque me haya acostumbrado a enfrentarme a 25 adolescentes capullos, cuando no tenga que estudiar cinco años seguidos para sacar un 6’2 de mierda que me deja igual, y cuando elija qué grupos voy a llevar y no tenga que sacar el tajo de otros, entonces sí podré decir, si no estoy más quemao que una cerilla rociada con gasolina, que vivo bien y que tengo tiempo libre y que el trabajo no me afecta. Mientras, si estoy aquí es porque a veces uno de quince aprende gracias a ti y otro de noventa te dice “eres el mejor profesor que he tenido” o “¿volverás al año que viene?”. ¿Acaso pensaban que escogimos el aula por vacaciones y dinero? Vuelven a equivocarse. Era por vocación.

jueves, 23 de julio de 2009

Qué bien vivís los maestros

Y los profesores más, oiga, que no veas la de vacaciones que tenemos. Y además trabajamos tres horas al día, que lo demás son huecos y chorradas. Cobramos un pastón y no tenemos jefe. Somos fijos y no damos un palo al agua. Y además tres meses de vacaciones.
Vale. Aceptamos barco como animal acuático. Vivimos de puta madre. ¿Por qué no te haces profesor? Si esto no es una VPO que las dan por sorteo o a dedo amañao. Que aquí pueden acceder todos. Requisitos: Ser español, tener una diplomatura en magisterio o una licenciatura y máster en docencia o como cojones se llame ahora, opositar y a vivir del cuento. Como yo. Aquí me tienes de lujo. Ah, pero que no tienes la ESO acabada. Pues nada, por Centro de Adultos está casi regalada: en dos años titulas. Que ya tienes la ESO y eso. Fabuloso. Bachillerato son dos añicos de nada. Además el nivel está disminuyendo más rápido que el hielo de los polos. Luego selectividad. ¿Quién no saca un mísero 4 para promediar con el 6 del bachiller? Si todo esto es muy largo para ti y tu cultura del presentismo (lo quiero todo y lo quiero ya) te impide pegarte dos o cuatro años estudiando cosas que no valen pa ná pues haces el examen de acceso a la universidad para mayores de 25 (años, no C.I.) y como parece que están de capa caída y no tienen alumnado seguro que el vicerrector te echa una manita para que entres en Jetología Aplicada con un 3’6. Bueno, pues ya semos universitarios. Ahora la carrera: Pirola, fiestecilla de Derecho, San Pepe, Fiestas del Pilar, una huelga en Marzo, NO a Bolonia y ya. En tres años ya tienes tu magisterio. O en cuatro o cinco tu licenciatura. O en ocho tu ingeniería. ¿A vivir del cuento? No. Aún tienes que hacer el Máster para profesor o las prácticas para maestro. Cachis, llevas ya en el mejor de los casos cuatro años aquí parao, sin poder vivir bien. Bueno ya. Ahora a opositar. A ver, el temario. Bah, esto no es nada. Claro que no, chaval, es sólo un tema de los 70 que te pueden salir en la oposición de secundaria. Que por supuesto no garantiza nada. Venga. Has sacado un 8’7 en la oposición. De cine, colega. Uy, no te llevas la plaza por 4 puntos. Sí, sí, como lo oyes. Para sacar plaza necesitabas un 12’6. Esto pasa por no tener méritos. ¿Que qué son los méritos? Son puntos que te dan por carreras adicionales, expediente académico, experiencia docente, cursos de formación. No te preocupes. La experiencia la cogerás trabajando. Más carreras no vas a estudiar. El expediente no va a subir (demasiados San Pepe). Los cursos son cuestión de tiempo y dinero. De aquí a dos o tres años te empezarán a llamar. Espero que aceptes 1/3 de jornada en Abejuela (en el culo del mundo turolense) o media jornada en Jaca horario diurno y nocturno trabajando cinco días. Es que si no… no te llamarán nunca. Ah, pero, ¿que ya no quieres vivir de puta madre…? Pues si ni siquiera has tenido cojones de leer hasta aquí, ¿cómo coño vas a estudiar una carrera, opositar una o hasta seis (o diez, o once = veintidós años) veces, irte a dónde nadie quiere ir, y hacerte viejo esperando el aprobado o el traslado?

viernes, 17 de julio de 2009

No aguanto a la vaca de mi mujer


Lleva jodiendo desde que nos casamos. Se lanzó a mis brazos en plan regalo estrella. Me miraba con ojos de “ya no te suelto” y se aferraba a mí con sus enormes brazos balleniles. Y no me entiendan mal, que no tengo nada contra la obesidad, pero sí contra la panfilez, la falta de comunicación y la maldita manía de estorbar.

Nunca me ha hablado, pero siempre ha estado en medio. A veces me he tropezado con sus enormes patazas y, enfadado, he llegado a pegarle algunas pataditas, lo confieso. Cuando venían visitas la escondía en la habitación para que no me avergonzara. Con los años se ha vuelto descuidada, sucia, y hasta el cola cao seco le adornaba la cara. Me consta que en los últimos años la ha montado más de un jovencito, hasta mujeres la han tenido entre sus piernas , como si quisiera ponerme a mí los mismos cuernos que ella ha llevado siempre.

Ya no puedo más. No soporto su presencia. Pero no quiero matarla. No me lo perdonarían. Debe irse. Y sé a dónde. Voy a ponerla en lo más alto. He pensado recluírla en el trastero, en el estante más elevado. Así no la veré jamás, siempre y cuando no mire al cielo del garaje.

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Ay, vaca, vaca. Tu hueco y el calor que me dabas lo ha ocupado un ventilador de treinta euros, y estorba mucho menos que tus pezuñas llenas de pelusas. Me caías muy gorda. Y eras muy falsa, como de cartón piedra. ¿Por qué no le regalarán joyas a mi esposa?